«El plástico entre nosotros».

—¿Cómo puedes decir que eres una persona consciente con el medio ambiente con esos Crocs que están elaborados, en su mayoría, con plástico? —me preguntó Roxana, cuando vio mi par de Crocs en mis pies.

—Pues… en realidad no son de plástico —le contesté—, aunque, tengo mis dudas porque sí se siente como plástico. Sin embargo, ¿qué debería hacer? Estas sandalias —si es que se les puede llamar así—, las tengo desde hace 4 años, ¿debería deshacerme de ellas por ser de plástico?

—¡Ese no es el punto! —me contestó—. El punto es que son de plástico.

—Pues en la caja, recuerdo, decía que no son de plástico ni goma, que son elaboradas con una resina especial o algo así. Sin embargo, desconozco si al fin de cuentas es plástico.

—¿Lo vez?

—Pero muchas cosas son de plástico. Sé que no es bueno, pero hay que reconocer que tampoco hay muchas alternativas a varios de los artículos que usamos de plástico. Y no solo eso, muchas de esas supuestas alternativas, son costosas o difíciles de conseguir o incluso son incómodas para los que necesitan plantillas —le precisé a Roxana—. Es lo mismo que pasa con los zapatos o artículos de piel.

—Podrías utilizar unas sandalias de cuero sintético —me argumentó.

—Pero el curo sintético también contiene plástico.

—¡Ah! ¡El plástico sea entre nosotros! —exclamó Roxana.

—Bueno, bueno, ya basta de drama —le respondí—. Estoy consciente de que el plástico es un problema grave, pero también creo que lo mejor que podemos hacer con nuestros artículos de plástico es utilizarlos el mayor tiempo posible ¿o no? Si es de plástico y ya lo tengo, pues los debo de aprovechar al máximo. Además los Crocs duran mucho. Eso sería mejor, creo, a deshacerme de ellos por ser de plástico.

—En eso estoy de acuerdo. Pero, ¿una vez que ya no te sean funcionales qué harás? —me preguntó Roxana.

—La verdad no lo sé —le respondí con sinceridad—. Supongo que en ese tiempo buscaré una alternativa más sustentable y menos contaminante.

—Mmm…

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@lafilosofiaminimalista

Historia de Ximena (Fragmento 2).

Ximena me llamó por teléfono después de tres días. Yo pensé que su ansiedad se había calmado, pero no fue así. Esta vez sabía el motivo; era una tontería, o tal vez no. Cuando contesté, una tormenta se desbordó sobre mí y me arrastró a lo más profundo del océano.

—¡No puede ser! ¡Lo sabía! ¡Te lo dije! —me gritó efusivamente—. ¡No quisiste creerme! ¡Ah! pero ¿por qué habría de creerle a la loca de Ximena? ¡Eh! Si ella es quien toma antidepresivos y se muerde las uñas todo el tiempo. ¡No hay que tomarla tan en serio! ¡Ignórenla!

En mi mente imaginé a Ximena mordiéndose las uñas y haciendo un sonido parecido a un «tac, tac»; ese sonido que sobresale cuando al morder las uñas los dientes chocan.

Cuando la tormenta pasó le respondí:

—¿Y ahora qué pasa? ¿Finalmente los infectados por coranavirus se convirtieron en zombies?

—¿Ya vas a comenzar con tus tonterías? —me preguntó—. ¿Qué no puedes tomarte nada en serio?

—La vida es demasiado compleja como para tomarnos todo tan en serio —le repliqué.

—¿Ah sí? ¿Vas a decirme que debemos tomarnos las cosas de forma «simple y sin tanto estrés» o ese tipo de tonterías?

—No, simplemente te hice una pregunta que respondiste con otra pregunta —le contesté—, así que dime: ¿qué rayos pasa?

Ximena me contó que el día miércoles —es decir el día anterior a cuando me marcó— se enteró de que no solo la cantidad de infectados había aumentado, sino que, además, se percató, según ella, de que no habían pasado en los medios entrevista alguna de un infectado por el virus, ni a nadie que dijera, de viva voz, cuáles eran los síntomas y sensaciones que experimentaba propiamente.

Ahora ella era quien pensaba que todo se trataba de una conspiración del gobierno. «¿De qué gobierno, me pregunté yo». Me dijo que pensaba que tal vez el mismo gobierno produjo el virus y lo introdujo en algunos animales. Ella pensaba que se trataba de Estados Unidos y que era una estrategia para debilitar a China, su principal enemigo económico. Sin embargo, todo se había salido de control porque los organismos internacionales no supieron tomar las medidas adecuadas para controlar el flujo de personas en China.

—¿No crees que has jugado demasiado Resident Evil? —le pregunté y la interrumpí abruptamente.

—¡Ja! Mi hermana dijo lo mismo, pero yo creo que no está fuera de lugar —me contestó a la brevedad.

En mi mente, imaginé a Ximena nerviosa detrás del teléfono. Seguro llevaba esas gafas de montura de pasta dura, color negra y de cristales redondeados. Siempre pensé que eran muy grandes, como los que usaba el trompetista Dizzy Gillespie. También recordé —no sé porqué— la forma de su rostro y su corte de cabello. Una vez le dije que se parecía a Vilma de ScoobyDoo y ella se molestó.

—¿No crees que si ese fuera el caso, es decir, de tu teoría, al ver la magnitud de personas infectadas, ya hubieran anunciado la vacuna?

—¡Claro que no! —me refutó—. ¡Piénsalo! Si así fuera, casi casi sería como decir: «Nosotros tuvimos la culpa, así que ahí está la vacuna». Además sería muy obvio, pues los demás países pensarían inmediatamente que Estados unidos fue el culpable. Y con la cantidad de países que han presentado casos… todo el mundo estaría en contra de ellos…

Me imaginé a Ximena haciendo la expresión que acostumbraba hacer y que me trataba de decir «¿Cómo es que no lo entiendes?, ¿eres tonto o qué?». Después continuó:

—Mira, sé que suena muy descabellado, pero velo de esta manera: esto puede ser el inicio de la tercera guerra mundial, solo que ahora el combate no será con armas de fuego, sino con armas biológicas que puedan acabar con más personas a un coste menor y sin tanto escándalo, bueno, explosivamente hablando —me explicó Ximena, casi susurrando, como si estuviera contándole a una de sus amigas de la preparatoria sobre el chico del que estaba perdidamente enamorada.

—Creo que nunca debí invitarte a jugar Resident Evil, pero es que te veían tan aburrida y sola…

—¡No! ¡No! ¡Basta! —me interrumpió—. ¡Mira! En este momento no tengo mucho tiempo… pero estoy reuniendo más evidencia… y ya verás cómo todo tiene sentido y cuando te lo muestre y explique con más fundamentos me dirás: «¡Wow! ¡Ximena tenía razón! ¡Es una conspiración del gobierno! ¡Qué idiota fui, soy un tonto! ¡Debí creerle!».

—Mmm, no creo insultarme tanto —le contesté.

—¡Ya! Vamos, me tengo ir. Te llamaré después y te explico lo que…

Y la llamada se cortó. No sé si ella colgó para dejarme en suspenso o si la señal en verdad falló, pero ella no me volvió a llamar. Pensé en marcarle, pero creo que ya había sido suficiente de la imaginación de Ximena. Ella en verdad se creía lo que me decía.

Supuse que no había hecho lo que le dije la otra ocasión y que había sucumbido ante los antidepresivos. Tal vez por eso soñó todas esas cosas.

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Autor: Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@filosofiaminimalista

Historia de Ximena (Fragmento 1).

—¡Ya bájate de tu nube! ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¿Eh?⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Sí. Te habló a ti —me gritó Ximena—. Después se acercó a donde estaba sentado y puso su cara de enojada.⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¿A qué te refieres? ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¡No has escuchado las noticias! —me preguntó.

—Sí ¿y cuál es el problema? ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Pues que el coronavirus está causando estragos graves en el mundo. ¿A caso no te preocupa? ¿O eres de los que piensa que es una conspiración del gobierno? ⠀⠀⠀⠀

—No es que no me preocupe. ¿pero de qué nos sirve estresarnos? Creo que no debemos dejar que nos robe la tranquilidad. No sé si es una situación provocada por el gobierno o por la contaminación en los animales en China, pero lo que sí creo es que debemos seguir las recomendaciones, lavarnos las manos constantemente y quedarnos en casa. ⠀⠀

—¿¡Ah!? Lo dices como si fuera algo tan sencillo —me precisó—. Tu exceso de tranquilidad me hace sentir inquieta. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¡Ya basta! No estoy diciendo que sea sencillo, lo único que digo, en concreto, es que no ganamos nada con preocuparnos demás y estar mordiéndonos las uñas. Al fin de cuentas, te aseguro que no será la primera ni la última ocasión que suceda algo así. ¡La vida tiene que seguir! ⠀⠀

—Mmm… Si tu lo dices…

—Si te preocupa tanto y no puedes estar tranquila, puedes bañarte con el gel antibacterial y así desinfectarte completamente.

—¡Eres un tonto!⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Bueno, preocupaciones extremas requieren medidas extremas ¿o no?

—No sé para qué te pregunté.

—¡No dejes que te robe la tranquilidad. ¡Sigue viviendo!

Ximena continuó con ese pensamiento durante la noche, incluso después de tomar un baño, pues no había reparado, hasta el momento, en cómo el estar pensando todo el tiempo en el problema de la pandemia del coronavirus le estaba robando la poca tranquilidad y paz que hasta el momento había tenido. Hacía apenas dos meses que había dejado los antidepresivos, pero ahora estaba más nerviosa que nunca. «Tal vez lo que dijo no esté del todo mal», pensó Ximena.

Antes de acostarse, revisó el cuarto en donde guardó todos esos botes de gel antibacterial que compró por el pánico. Lo que ella no sabía era que esos botes que compró de forma inconsciente y sin reflexionar no contenían la cantidad de alcohol “recomendada” por los especialistas, así que eran simples geles con lo mínimo del alcohol.

Ximena lo supo cuando observó una publicación en twitter en la que informaban sobre la situación al respecto. Decidió llamar a su amigo con el que había platicado en la tarde para preguntarle y, aparentemente, disculparse.

Cuando el teléfono comenzó a timbrar me di cuenta de que era Ximena. No había visto la hora que era hasta que ella me marcó y por un momento pensé en colgarle, pero pensé en sus nervios y en su preocupación. No parecía que fuera una exageración normal; es decir, no estaba actuando, así que contesté:

—¡Hola!

—¡Hola! —me contestó—. ¡Oye! ¡Mira! pues… la verdad… no sé qué me está pasando pero creo que hoy por la tarde exageré un poco, así que… pues… no sé bien como decirlo…

—¿Querías disculparte? —le pregunté de golpe.

—¡Si! ¿Qué siempre tienes que completar todas mis frases?

—Simplemente adiviné.

—Creo que actué con pánico y pienso que lo que dijiste hace rato no está del todo mal —me explicó Ximena—. Lo que pasa es que siempre te muestras calmado y sin preocupación por todo y en ocasiones tu indiferencia me molesta, pero, más que eso, a veces quisiera ser como tú y no preocuparme por nada más que por mí misma.

—¿Qué dices? —le pregunté—, pero si la situación sí me preocupa y también me preocupo por los demás. Simplemente, no considero que estresarnos y preocuparnos nos sirva de algo. Lo mejor es conservar la calma, cuidarnos y seguir las recomendaciones.

—Entiendo… ¡Oye! ¿Puedo preguntarte algo?

—¡Claro! dime.

—¿Crees que la situación amerita que vuelva a tomar los calmantes? —me preguntó.

Esta vez decidí reflexionar detenidamente mi respuesta, pues no quería volver a herir su sentimientos ni a estresarla más de lo que estaba.

—Creo que no deberías.

—Pero a pesar de que ya comprendí lo que decías, no puedo estar tranquila, ¿entonces qué debería hacer?

—Te voy a decir exactamente lo que debes hacer.

—¿En verdad?

—Lo que tienes que hacer es lo siguiente:

Date un baño con agua caliente, prepara un poco de chocolate o un té y métete en tu cama. Lee un libro o ve una película en Netflix. ¡Y ya! voilá

—Ok. ¡Lo intentaré, pero si no consigo dormir te volveré a llamar y te molestaré para que tu tampoco duermas!

—Muy bien.

Después de colgar, rogué al cielo o a cualquier entidad que estuviera atendiendo plegarias que Ximena se relajara y pudiera conciliar el sueño.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

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Lo que posees acabará poseyéndote.

«Lo que posees acabará poseyéndote».

(Acerca de los objetos)

—Tyler Durden.

Reflexionando sobre esta frase podemos afirmar que los objetos, por sí solos, no tienen ningún poder. En realidad, somos las personas quienes les damos el valor que nosotros consideramos deben tener, incluso hasta convertirlos en nuestros iguales o algo más, cuando realmente solo son objetos.

Considero que no tiene nada de malo tener objetos prioritarios u objetos que son imprescindibles porque de verdad los usamos, nos facilitan y simplifican la vida y lo que hacemos.

Sin embargo, lo que está mal sería vivir rodeados de objetos que no necesitamos y que consumen nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestra atención. En resumen, nos restan libertad y, por lo tanto, terminan apoderándose de nosotros a través de la dedicación que les damos.

No tienen que ser las tres a la vez, pero con que invadan una de ellas ya están abarcando una parte importante de nuestras vidas.

Además, entre más objetos acumulamos, más difícil se vuelve identificar aquellos que de verdad son esenciales, importantes y útiles en nuestras vidas.

Entonces, qué tal si reflexionas acerca de si todo lo que posees en verdad lo necesitas y si todo lo que posees no te está, en realidad, poseyendo a ti, a través del consumo de tiempo, espacio y atención que les das.

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Ramsés K. Mishima
La Filosofía Minimalista
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Hacer una pausa

En la vida, en especial en las grandes ciudades, generalmente vivimos todo el tiempo acelerados entre el trabajo y nuestros diferentes proyectos y la verdad es que poco tiempo nos queda para reflexionar sobre nuestros avances, pero es necesario hacerlo para conocer nuestro verdadero crecimiento.

De lo contrario, ¿Cómo sabremos si vamos en la dirección correcta?

Por eso creo que debemos dejar de hacer todo de forma tan mecánica y vivir de una manera más reflexiva y consciente para evaluar todo lo que hacemos y todo lo que nos rodea.

Hacer una pausa, muchas veces nos ayuda a eso, a tomar un descanso y dejar de lado todo —por un tiempo— y recuperar energía y concentración para mejorar. Realizar una actividad diferente en muchas ocasiones da buenos resultados.

En mi caso, gracias al minimalismo, he podido concentrar mucha de la atención y el tiempo que desperdiciaba en objetos materiales que no me aportaban nada y, de igual manera, en el aspecto espiritual y mental, he podido reflexionar más sobre mi vida y sobre mí mismo, para así buscar el crecimiento personal.

Ahora aprecio más un paseo por la naturaleza, disfrutando el paisaje, que pasar el tiempo en una tienda viendo ropa.

No es aún un camino recorrido, pero estoy en el trayecto y no he pensado en regresar.

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Ramsés K. Mishima
La Filosofía Minimalista
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No tengas miedo al apoyo.

A menudo queremos hacer todo solos, sin ayuda ni apoyo, sin escuchar sugerencias ni recomendaciones, pero creo que podemos ser humildes y apoyarnos en los demás para crecer. Podemos guiar y podemos ser guiados, así nos complementamos y podemos ser mejores cada día. Pierde el miedo a pedir apoyo, pierde el miedo a escuchar la opinión de los demás. No esperes siempre escuchar lo que a ti te gustaría que los demás dijeran sobre ti o sobre lo que haces. Las opiniones de los demás no tienen porqué ser iguales a la tuya sino, imagínate, la vida sería muy aburrida y monótona.

El ser humano es un ser perfectible y en constante cambio, el cual tiene la bondad de poder mejorar cada día, así que ¿por qué no tomar impulso y apoyo de los demás de vez en cuando? ¿Por qué no escuchar lo que los demás tienen que decir? ¿Por qué no tomar las sugerencias? No tienes porqué acertar en todo. Déjate guiar de vez en cuando.

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Ramsés K. Mishima
La Filosofía Minimalista
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La Crítica

La crítica es buena, cuando es con buena intención y emitida con la finalidad de hacer crecer a las personas.

No te rindas ante las primeras malas opiniones y ante la crítica destructiva. El trayecto hacia el cumplimiento de tus proyectos siempre está lleno de obstáculos. De otra manera, sería muy fácil, ¿no lo crees?

Toma lo bueno de las personas y de las críticas constructivas retoma aquello que en verdad te puede hacer crecer y mejorar, no porque los demás no estén de acuerdo con tus ideales o pensamientos, quiere decir que ellos están mal o que tú estás mal. Lo importante es transmitir lo que nos caracteriza y respetar el estilo de pensamiento de los demás. Por otro lado, no tiene nada de malo apoyar a aquellos que coinciden con tus ideales.

✌️

«Vive con menos, vive más».

🙏💪🧘‍♂️

La belleza de la ausencia

Voy a comenzar con una pregunta: ¿Alguna vez te has percatado de la belleza de la ausencia? Por supuesto no hablo de la ausencia de tus seres queridos, ya que, ¿cómo podría ser hermoso eso? Hablo de la ausencia de objetos, de cosas materiales en exceso en tu vida. Recientemente me puse a reflexionar de lo hermoso y relajarte que es tener un espacio libre de objetos y la relajación y tranquilidad visual y emocional que produce. Es increíble y creo que deberías experimentarlo.

Yo acostumbraba a vivir lleno de objetos por todos lados y pensaba que tener lleno todo sería buena idea, que se vería “más bonito”, pero lo cierto es que solo me estresaba y me llenaba de polvo.

Hoy te dejo esta reflexión porque creo que podemos encontrar la belleza en la ausencia y vivir mejor. Tal vez te suena como lo que dice Marie Kondo, pero en verdad desde que he comenzado a liberar mis espacios de objetos he descubierto una nueva faceta de mi mismo que antes no conocía. Ahora tengo más tiempo para pensar en mis proyectos y para desarrollarlos, para enfocarme en lo que me gusta y en lo que amo.

Sé que es un proceso, pero si somos constantes podemos lograrlo. Sin embargo, realmente, el principal cambio es a nivel mental y cuando tu mente se de cuenta de que podemos vivir con lo esencial nunca querrás volver a llenarte de objetos, de cosas ni de personas que no aportan nada a tu vida.

Hasta la próxima…

¿Mi vida antes de conocer el minimalismo?

Introducción

Como mucha de la gente, yo también he padecido los efectos del consumismo en mi vida. Por mucho tiempo viví con el chip de comprar activado, sin reflexión consciente y sin reparar en las implicaciones de hacía dónde se estaba dirigiendo mi vida o de todo lo que me estaba perdiendo al estar tan enfocado en esa engañosa abundancia que en realidad lo único que me producía era un vacío por dentro.

Como ya comenté anteriormente en otros episodios, mi vida antes de conocer el minimalismo era totalmente diferente. Y ahora que estoy tratando de llevar un estilo de vida minimalista me he dado cuenta de lo equivocado que estaba y de que la vida puede ser hermosa sin basar nuestra felicidad en las cosas materiales o por lo menos en la menor cantidad de ellas. También he comentado que para mí el minimalismo va más allá que desprenderse de las cosas materiales, aunque creo que es un aspecto muy importante y uno de los principales puntos por los cuales las personas se adentran a esta corriente.

Es por eso que en esta ocasión quiero compartir con ustedes algunos puntos relevantes acerca de cómo era mi vida, de manera general, antes de conocer el minimalismo y cómo estoy tratando de mejorar o de cambiar en la actualidad para llevar una vida más consciente conmigo mismo y con mi entorno.

Felicidad basada en los objetos

De este punto ya he hablado mucho y seguro ya han escuchado. En verdad es algo muy común, pues por mucho tiempo viví pensando que la abundancia y la riqueza se fundamentaban en el dinero y en las cosas materiales. Mi pensamiento era así: si veía que algo nuevo salía y le hacían mucha publicidad pensaba que debía tenerlo porque me creía en verdad que se trataba de algo que necesitaba. Si había un pantalón nuevo que tenía un nuevo material yo deseaba tenerlo aunque en el fondo sabía que no lo necesitaba o que no me quedaría igual que a los modelos. Y esa es una gran tontería: pensar que la ropa que vemos en los anuncios publicitarios lucirá en nosotros igual que como la lucen los modelos es una falacia. ¿Se imaginan? yo creo que en el fondo todos lo sabemos, pero nos engañamos pensando que podría quedarnos igual.

En la actualidad he dejado de comprar cosas que no necesito y que no me gustan y me he desprendido de muchas que solo tenía “ahí” sin una función concreta. Sin una razón de ser. Esto me ha ayudado a llevar una vida más ligera y consciente para valorar otros aspectos más allá del mundo material.

Vacío por dentro o la sensación de nunca estar pleno

Otra de las sensaciones que tenía todo el tiempo era una especie de malestar que no me permitía estar pleno, ya que siempre me sentía insatisfecho. Si compraba algo nuevo, no me sentía lleno con eso, pues quería algo más. Es decir si compraba algo de una marca determinada, por ejemplo, una chamarra, también quería adquirir una mochila o unas botas de esa marca, aunque por su puesto no me alcanzará.

Ese vacío no se reducía solo al ámbito de las cosas materiales, sino que permeaba todos los aspectos de mi vida. Lo sé porque generalmente los periodos de felicidad eran pasajeros. Es decir, siempre he sabido, desde que un profesor me lo dijo en la secundaria, que la felicidad no es algo que se pueda alcanzar y retener por siempre, sino, ¿cómo sería la vida? pues las emociones deben equilibrarse (con emociones negativas, tristeza, felicidad, malestar u otras), pero para mí era como si nada me hiciera feliz, como si nada me llenará. Nunca estaba contento con nada. También sé que algunos me dirán que esto tiene que ver con la adolescencia y que los seres humanos suelen sentirse así durante esa época, pero esta sensación me duró hasta mucho después, cuando ya era un adulto. No me sentía bien con mi cuerpo, no me sentía bien con mi status social ni con mis amigos. No me sentía feliz con mi novia, porque deseaba tener a mi lado a una chica de las que abundan en la publicidad, en los estereotipos, las modelos, no me importaba que estuvieran huecas por dentro y solo pensaba en algún día llegar a ser millonario para poder, entonces, conseguir una chica así.

No me daba cuenta de que todo lo que deseaba estaba basado en cosas materiales y al tratar de llevar una vida más simple y consciente me he reencontrado conmigo mismo y me ha ayudado a tener una vida más tranquila, sin tanto estrés por las cosas y a comprender que lo único que necesito para se feliz está en mí.

Siempre ocupado

Muchas personas piensan o pensamos que aquél que tiene éxito es quien siempre está ocupado, quien está saturado y trabaja como comúnmente se dice: «de sol a sol». Sin embargo esto tiene implicaciones muy malas en nuestras vidas, en nuestro cuerpo y nuestra mente. Anteriormente pensaba que una vez que ingresara al mundo laboral, esa debía ser mi vida y por varios años pensé así. Sin embargo no tenía en cuenta que podía realizar otras actividades que me llenaran, pero al siempre estar ocupado, nunca tenía tiempo para nada. Esto es algo que debemos prestar atención para no descuidar otras áreas de nuestra vida y siempre debemos tener tiempo para lo que de verdad importa.

Descuido de mi persona y de mi cuerpo

Otro aspecto que sacrificamos muy a menudo cuando no llevamos una vida consciente somos nosotros mismos. Generalmente pasamos a un segundo plano nuestro cuerpo y nuestra persona por darle prioridad a nuestro trabajo o a otras actividades y eso también es nocivo. Casi no reflexionamos sobre nosotros mismos hasta que algo pasa: como una enfermedad, hasta que ya subimos mucho de peso o que sentimos algún tipo de malestar o dolor físico.

No solo se trata de estética, es el simple hecho de valorar nuestro cuerpo. En otra publicación ya he comentado sobre la importancia de nuestro cuerpo, porque es nuestro templo y es el único que vamos a tener, así que ¿por qué no darle la prioridad e importancia que se merece? En lugar de ver tres capítulos de tu serie favorita, porque no solo ver uno y dedicar unos minutos a hacer ejercicio.

También está el aspecto del cuidado personal, no solo es por vanidad. Esto incluye el corte de cabello, las uñas, la ropa, peinado. Es necesario puntualizar también algo que siempre comento: que no por llevar un estilo de vida minimalista y más consciente, quiere decir que debemos andar como hippies o “pandrosos” como solemos decir en México. Es decir, está bien si es tu estilo, pero el minimalismo no incita a nadie a ser de esa manera. Pero repito, si tu estilo es ese está muy bien, no tiene nada de malo.

Lo que sí creo que está fuera de lugar en relación con el estilo es asearnos, pues esto creo que no se trata de estilo de vida, es por salud e higiene.

Poco tiempo para mí mismo

En otra publicación también comenté que al no llevar una vida consciente solemos descuidar el tiempo que destinamos a nosotros mismos y esto es algo muy importante, porque creo que destinar tiempo para nosotros mismos es imprescindible para no perdernos en el camino. ¿A qué me refiero con esto? Algunos pensarán que es una tontería, pero de vez en cuando hay que hacer una pausa y reflexionar hacia dónde estamos dirigiendo nuestra vida, en especial para revisar si estamos llevándola en la dirección que de verdad queremos. Muchas veces hacemos la cosas por impulso o porque nos han dicho que así deben ser, pero ¿alguna vez te has detenido a replantearte tu vida, a dedicar tiempo para ti para pensar en ti y en tu vida? Es algo muy provechoso y que ayuda a enfocarte y mejorar algunos aspectos de tu vida, así que creo que siempre debemos tener tiempo para nosotros mismos, a pesar del trabajo, a pesar de las tareas y responsabilidades y a pesar de la vida. Anteriormente no lo hacía porque pensaba que era una tontería, pero he comenzado a dedicar tiempo para mí y para replantearse el rumbo que está tomando mi vida. Es algo muy válido y no tiene nada que ver con que ya estén en depresión o que no sepas qué hacer con tu vida. Somos seres humanos y todos titubeamos y tenemos problemas. Nadie es tan fuerte para no sufrir o para no llorar, a menos que seas un robot.

Perdida de la sensibilidad sobre las cosas del mundo

Por último quiero comentar este punto que es crucial y que al principio yo no lo tomaba en cuenta. Aquí quiero hacer mención de aquellos hechos o aquellas situaciones que antes no me permitía reflexionar como son, por ejemplo, lo dañina que es nuestra presencia para el mundo. Nosotros somos el principal contaminante y el principal culpable de los daños graves que hasta el momento se le han hecho al mundo. Al no ser conscientes con los desperdicios, con los artículos que utilizamos y en general con el cuidado del planeta, estamos perjudicando al único lugar, hasta el momento, que tenemos para vivir. ¿Por qué comento esto? porque anteriormente, antes de tratar de adoptar un estilo de vida minimalista, no era consciente ni me interesaba por los temas del calentamiento global, la contaminación, la escasez de agua, la pobreza extrema de algunos lugares, la delincuencia y la muerte. Siempre pensaba que mientras no me pasara a mí o a mis seres queridos no importaba, pero lo cierto es que sí importa y mucho. Importa porque todos compartimos el mismo planeta y a pesar de que seamos de naciones o territorios diferentes, deberíamos por lo menos ser conscientes y sensibles de los problemas ambientales, económicos y sociales que ocurren en el mundo. «La indiferencia de las personas es uno de los principales enemigos de la sociedad».

Es por eso que ahora que estoy llevando una vida más consciente y reflexiva, hago lo posible por replantearme muchos de los aspectos que mi vida para contribuir a que el planeta donde vivimos pueda ofrecernos un mundo mejor. Porque él nos da todo y nosotros no le damos nada, al contrario le quitamos y además le hacemos daño. Te invito a ser más consciente con tu planeta y con tu entorno.

¿Cuándo dejamos de apreciar y valorar la belleza de nuestro mundo?

Hasta la próxima.

El Minimalismo y el orden en tu casa: no conviertas tu vivienda en una bodega.

Disfruta la experiencia de tener un espacio libre de objetos que no necesitas.

Uno de los puntos iniciales por los cuales la mayoría se adentra en el mundo del minimalismo es el orden y, en especial, como fue en mi caso, parece ser que se deriva del hartazgo que produce el llevar una vida acumulando tonterías y una infinidad de objetos materiales que solo resguardamos para que estén ahí ocupando un lugar en el espacio, como cualquier materia, pero que las implicaciones y el significado de ese espacio que ocupan está vacío.

En mi caso yo no me di cuenta o, más bien, yo no me puse a reflexionar, hasta que fue muy tarde, las implicaciones que conllevaba el acumular cosas, tener mi espacio saturado, pero no solo eso, cosas que no utilizaba —o utilizo, porque aún estoy en ese proceso en algunos puntos—, y que solo tengo almacenadas. Entonces mi vivienda ya no era un lugar para vivir, era más bien un almacén de objetos; un espacio para resguardar objetos materiales que nadie usa.

La mayoría de los YouTube, escritores, blogeros o podcasters que he revisado han llegado al minimalismo por la puerta de los objetos materiales. Y es que en verdad produce un hartazgo o por lo menos en mí fue una sensación que me decía que ya no podía haber más, que si seguía acumulando entonces me volvería loco. Yo no vivía para las experiencias, vivía para acumular y cuidar cosas y cuando me di cuenta de cómo estaba desperdiciando mi vida, comprendí que tenía que poner un alto, sino, nunca pararía.

Es por eso que en este episodio quiero compartir con ustedes algunas reflexiones que he realizado en torno a la acumulación de objetos materiales y, nuevamente, como en el episodio 1 de este podcast comenté, yo no estoy en contra de adquirir cosas o de tener objetos. Sería una tontería de mi parte afirmar que podemos vivir sin nada, pues es una condición humana el buscar objetos que satisfagan nuestras necesidades, pero creo que sí podemos reflexionar sobre si en verdad esos objetos son indispensables para vivir.

Tu casa es uno de los espacios más importantes dentro de los que interactuas, y, como en mi caso, uno en donde paso mucho tiempo, así que ¿por qué debería tenerlo saturado de cosas que no utilizo? cuando lo reflexioné y después de leer algunos textos sobre minimalismo y orden en casa, me di cuenta de que el tener un lugar con menos cosas me permitiría vivir más relajado y con menos estrés.

Quiero dividir este episodio en dos partes: la primera, hablaré sobre algunos puntos relacionados con las desventajas o problemáticas que implica el tener una casa llenar de objetos.


Tendencia al desorden

Por experiencia, puedo dice que entre más objetos tienes en tu espacio habitacional, más difícil es mantener ordenado y limpio todo, pues como son más cosas, tienes que pasar más tiempo acomodando y limpiando, incluso cuando esté en orden. Yo pasaba mucho tiempo acomodando mis cosas cada día y parecía nunca poder acabar, pero anteriormente no reflexionaba sobre el principal problema: el exceso de objetos. Cuando llegaba de mi trabajo, por la tarde, me estresaba mucho ver mi cuarto saturado de cosas y algo me obligaba a ordenar y acomodar, sino, no podía estar tranquilo. No miento, en este proceso me distraía y tardaba más o menos una hora. Pero esto no es lo peor, además yo creía que estaba ordenado, pero era un acomodo efímero, pues solo los medio limpiaba y medio acomodaba, porque no podía llamarse orden en sí y de manera inconsciente lo que deseaba era de lo que hablaré en el punto siguiente: tener menos distracciones visuales.


Distracciones visuales

Este punto es muy importante, pues fue uno de los principales motivos que me llevaron a dejar de lado tener exceso de cosas, pues no solo es el hecho de la tendencia al desorden. En mi caso el principal problema era que esa sensación que tenía del exceso de cosas era porque en realidad me molestaba verlas todos los días ¿cómo lo sé? porque llegó un momento en el que sentí un dolor de cabeza intenso y ya no podía acomodar más, quería desaparecer todo y tener un espacio vacía y sin nada, para poder acostarme en el piso y dar vueltas por todos lados sin chocar con nada. En realidad el verdadero problema era que todas esas cosas me distraen y no me dejaban concentrarme en lo que hacía. Sé que suena exagerado y que hay personas que pueden estar trabajando o viendo la televisión a pesar del desorden, pero es porque el chip está desactivado. Si se activara, seguro que no podrían estar tranquilos realizando cualquier actividad mientras está el desorden y todo tirado. Eso me pasaba a mi, si iba a realizar mi tarea o trabajo en mi escritorio destinado a eso, primero tenía que acomodar todas mis figuras de Star Wars, limpiar sus cajas, acomodar mis libros y quitarles el polvo, acomodaba mis objetos de uso personal, los cables de mis dispositivos, quitaba las cosas del escritorio para despejar y todo me distraía. Hasta que no hacía todo esto, no podía comenzar a trabajar y esto me quitaba mucho tiempo. Pronto me di cuenta de que lo que quería era poder sentarme frente a mi escritorio en cualquier momento y no tener nada que me distrajera del monitor de la computadora y que si tendí una idea, pudiera plasmarla rápido y sin distraerme. De tal forma que me deshice de todo lo que me distraía.


Reducción de espacio para vivir

Menos cosas, menos distractores visuales.

No somos conscientes de esta otra afectación al tener exceso de objetos, en especial si vivimos en una casa muy grande. Incluso, si vivimos en una casa grande y tendemos a acumular, tarde o temprano terminaremos llenándola de objetos y sentiremos que necesitamos una más grande, pero debería ser al revés. Es una tendencia que parece no terminar. Si tenemos menos cosas, deberíamos necesitar menos espacio para habitar. Me parece que el secreto está en preguntarnos de manera seria qué objetos o cosas necesitamos realmente para desarrollar nuestras actividades diarias y cuáles nos hace feliz utilizar, de tal manera que todo lo demás podríamos plantear seriamente el dejar ir.

Por ejemplo, por mucho tiempo guardé los libros y libretas que utilicé en la secundaria, en la preparatoria y en la licenciatura. Acumulé alrededor de cinco cajas con todo este material y, les puedo afirmar, que desde que las resguardé jamás utilicé alguno de esos documentos, nunca. Solo estuvieron guardados ahí, ocupando espacio y reduciendo espacio vital para mí. Además yo era consciente de que estaban ahí, pero siempre que las veía pensaba: «debo conservarlas porque son recuerdos de mis años de escuela y me esforcé mucho en las actividades y tareas que ahí quedaron plasmadas». Si fui muy dedicado en la escuela, pero después comprendí, cuando me acerqué al minimalismo, que todo el esfuerzo que realicé para llevar a cabo esas tareas no tenía relevancia en esos documentos, tenía importancia que yo hubiera asimilado los conocimientos. Los papeles eran una evidencia claro, un documento tangible, pero si en casi siete años no los utilicé y puede acceder a todo ese conocimiento en mi mente y recordando los aprendizajes, así como revisando e investigando de vez en cuando algo en específico, pues creo que no fue nada grave desprenderme de esas cajas.

Además, en la actualidad, en la era digital con la ventaja del internet, tenemos la ventaja de que podemos acceder a un sinfín de información de todo tipo, así que no le veo la necesidad de guardar montañas de papeles en restan espacio vital. Por eso es que pude desprenderme de esas siete cajas, pues por muy bien clasificadas que estuvieran, ya que las había acomodado por nivel educativo y por materia, cuando me surgía una duda sobre algún tema en específico, era —y aún lo es— mucho más sencillo buscarlo en internet, en mi celular, que aventurarme a buscar dentro de las cajas, en las libretas por materia y en todos las páginas. En realidad solo de pensarlo me duele la cabeza. Ejemplos como este tengo muchos más, pero a lo que quiero llegar es que el desocupar un espacio perdido no significa que tenemos que llenarlo con algo más. ¿Alguna vez has experimentado la tranquilidad y relajación que produce contemplar un espacio vacío? parece una tontería lo sé, pero cuando me deshice de esas cajas de documentos visualizar ese espacio me produjo una sensación de tranquilidad. Debo reconocer que estuve tentado a “rellenarlo” con algo más, pero resistí y decidí dejarlo así, vacío. Y hasta el momento me siento feliz de verlo libre.

Algo de lo que yo no me daba cuenta era de que al tener muchos objetos por todos lados estaba restando espacio para vivir y estaba convirtiendo mi casa en una bodega.


Objetos inservibles

Ejemplos como el del inciso anterior hay varios y voy a comentar algunos con una perspectiva un poco diferente, pues lo que yo considero objetos inservibles, puede que no lo sean para otras personas. ¿A qué me refiero con esto? la respuesta es muy sencilla: estoy totalmente a favor de que debemos deslindarnos de aquello que no necesitamos, que no nos hace felices y que no le damos ninguna utilidad, pero antes de hacerlo, me parece prudente el reflexionar si eso que vamos a eliminar de nuestras vidas podría servirle a alguien más o si le podría sacar mayor provecho.

Por ejemplo el caso de los libros de las asignaturas que cursé en la secundaria y en la preparatoria, no consideré que le pudieran servir a un alumno de ahora que esté cursando esos niveles, porque los temas se van actualizando y los formatos se van adecuando a los tiempos, por eso es que no consideré que les fuera a servir de utilidad. A lo mejor un coleccionista de materiales educativos —no dudo que lo haya, pero no conozco a ninguno— hubiera estado interesado, pero de forma estricta con una utilidad de estudio en clases, pues no estoy seguro. Por tal motivo, a la persona a quien se los regalé, me dijo que los vendería como papel reciclado y que con eso obtendría algo de dinero para comer (o por lo menos eso afirmó). Si lo ocupa o no para eso es cosa de él, pero a lo que quiero llegar es que si alguien considera que aquello que para ti no tiene utilidad para él si la tiene, de cualquier tipo, entonces además de desprenderte de ese objeto, estás ayudando a alguien más y eso me parece muy valioso.

Otro caso así me pasó con mis termos de café. Yo amo el café y suelo tomar todos los días. incluso al trabajo llevo mi termo. Sin embargo tenía una amplia colección de termos guardados que no utilizaba y solo “estaban ahí”, así que decidí que si no los utilizaba no tenía ningún sentido mantenerlos. Es decir, solo necesitaba uno, no quince ocupando espacio sin ningún propósito. Unos los había comprado, otros me los habían regalado, otros me los habían obsequiado con otro artículo que adquirí, como el que venía con mi celular, y otros no tengo idea de dónde habían salido. De tal manera que estos objetos tenían una utilidad en sí, pero yo no se la estaba dando, de modo que tenía dos opciones: la primera, comenzar a utilizarlos e ir rotando cada día de la semana para sacarles provecho (lo cual se me hacía innecesario) o elegir uno, el que más me gustará y quedarme solo con ese. Y por supuesto que elegí la segunda opción. Después regalé los demás y algunos los tiré.

Ahora bien, me parece que no se trata de regalar por regalar para que alguien más acumule. Los termos los regalé a personas cercanas que sé que les gusta el café y que los van a utilizar. Porque no se trata de desprendernos para que alguien más los tenga guardados o por lo menos esa es la intención. Sino, el ciclo nunca termina.


Objetos “por si acaso”

Esta es una de las frases que todos hemos escuchado en nuestras casas y creo que en algunos casos es aplicable y razonable implementarla, pero en otros considero que es una tontería comprar, adquirir o resguardar objetos que no necesitamos en el momento y que suponemos que “podríamos” necesitar, ya que de cierta forma nos predisponemos a que los tendremos que ocupar y entonces terminaremos por ocuparlos porque ya los tenemos. Esto no es en sí una necesidad, estamos respondiendo a una previsión. Y no es que esté mal ser prevenidos, pero creo que hay algunas cosas que no necesitamos mantener en nuestros hogares cuando no estamos seguros si los vamos a usar o no. Por ejemplo, estaría de acuerdo en que compraremos un paquete de 60 rollos de papel de baño, ya que es algo que utilizamos y no es práctico comprar de uno en uno, pero no vería necesario comprar un par de zapatos color rojo por si “adquirimos después un vestido o un atuendo de ese color para combinarlo”. Sería algo innecesario.

Otro ejemplo que a mí me pasó es que en una ocasión pensé en comprarme tres camisas color blanco, iguales, porque generalmente se ensucian muy fácil por ser muy claras y consideré que solo tener una no me sería práctico. De esta manera las alternaría y no se gastarían tanto. Pero después reparé en que no utilizo ese color tan seguido, así que no vi la necesidad de tener tres del mismo color. Si fuera mi uniforme, tal vez sí sería bueno tener una para cada día, porque siempre tendría que usar el mismo color, pero como no es así, para qué tener tres iguales.


Comentarios finales

Sé que estos puntos son solo un pequeño ejemplo de todo lo que podríamos hacer de manera general para no convertir a nuestra casa o departamento en una bodega y poder mantener solo lo necesario y que en verdad utilizamos y no tener un almacén de objetos que no utilizamos, que no nos gustan y que a veces ya ni nos acordamos que están ahí porque ha pasado tanto tiempo desde que los adquirimos y guardamos que desconocemos su existencia.

Por otro lado, también está el hecho de que los objetos que no usamos y que no nos proporcionan ninguna felicidad, pero que están a la vista todo el tiempo son un distractor visual que a parte de ocupar espacio, generan polvo y no cumplen un propósito en nuestras vidas, lo cual me parece un desperdicio. Es por eso que reducir objetos como los libros, cajas, películas, ropa, zapatos, artículos decorativos, papeles, bolsas, figuras, discos, entre muchas otras, puede contribuir en gran medida a liberar y despejar nuestro espacio y disfrutar del placer de poder desplazarnos en una vivienda con mayor espacio y sin el estrés que produce el vivir en un espacio saturado y lleno de polvo.

Hasta la próxima.

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