«¿1 libro que haya cambiado tu vida?».

—¿Del tema que sea? —le pregunté a Ximena.

—Cuento o novela —me contestó—. O, bueno, que no sea un libro de desarrollo personal ni manual de esos que lees últimamente.

—El Extranjero.

—¿El extranjero? —me preguntó, como si no me creyera—. ¿Por qué ese? Nunca has estado en la cárcel y tu madre aún vive…

—Es verdad, no es por eso —le precisé—. Sin embargo, ¿Nunca has sentido, en algún momento en tu vida, como si vivieras todos los días de forma inconsciente? Es decir, como si pudieras verte a ti mismo desde afuera de tu cuerpo y, de cierta forma, eres capaz de contemplar todo lo que haces, pero no tienes injerencia en tus acciones. Vamos, como si todo fuera mecánico y al final no sabes ni cómo pasó.

—Mmm ¡Sí Claro! —me contestó exaltada—, ¡nada más la mitad de mi vida! Desde mi adolescencia hasta hace unos años Ja ja ja.

Ella se rió y se tapó la boca con la mano. Supongo que para no dejar escapar saliva.

—Pues cuando leí ese libro, hace unos años, me di cuenta que estaba viviendo mi vida de la misma manera —le afirmé—. Como si todo lo que pasara al mismo tiempo no pasara ¿si soy claro? Al final de cuentas si no lo recuerdas, es como si no hubiera pasado. Gracias a ese libro reflexioné muchas cosas.

—Ja ja ja —Ximena se rió—. Ya estás como la canción.

—¿Eh?

—Es broma, olvídalo, pero te entiendo perfectamente. ¡Vamos! No seas tan dramático. Solo que, por favor, si en algún momento estás tan deprimido que no valoras tu propia vida, ¡llámame por favor! ¡No quiero que te suicides!

—Pero Meursault no se suicidó —le respondí.

—Pero se condenó a sí mismo, que es casi lo mismo —me contestó Ximena.

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Ramsés K. Mishima⠀

La Filosofía Minimalista⠀

@lafilosofiaminimalista⠀

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EP 25 | 10 Actitudes para la meditación mindfulness.

Episodio 25| 10 Actitudes para la meditación Mindfulness.

¡Hola de nuevo!

¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista!

¡Los saludo con gusto!

¡Antes que nada, no olvides seguir a @lafilosofiaminimalista en Instagram!

En el episodio de hoy quiero compartirte 10 actitudes para comenzar con el arte de la meditación, las cuales nos plantea el maestro en meditación mindfulness Silvio Raij. En el episodio analizamos cómo estas variables no solo pueden aplicarse en el proceso de meditación, sino que también pueden llevarse a la práctica en nuestra vida cotidiana.

Además nos plantea una nueva forma de ver la meditación, alejada de los estereotipos de las películas en los cuales los monjes que meditan, tienen todo el tiempo del mundo, el espacio y la tranquilidad.

En los tiempos modernos, la meditación puede ser complicada de llevar a la práctica, pero estos consejos nos ayudarán a ver la meditación como algo más real y cercano.

¡Acompáñame a descubrirlo!

¡Espero les guste!

Puedes escuchar el episodio en Spotify, Ivoox o Apple Podcast.

EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista. La Filosofía Minimalista

¡Hola de nuevo! ¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista! ¡No te olvides de seguir a @lafilosofiaminimalista en Instagram! En el episodio de esta semana te comparto 3 ventajas y 3 desventajas que reflexioné sobre tener un clóset minimalista o, en otras palabras, simplificar nuestro guardarropa, quedarnos con la ropa que más nos gusta y nos hace feliz usar. De igual manera te comento que publiqué esta reflexión en un artículo de mi blog lafilosofiaminimalista.com Te dejo el link por si te interesa revisarlo. https://lafilosofiaminimalista.com/2020/07/04/el-minimalismo-y-la-ropa/ ¡Espero les guste! ¡No olvides dejarme tus dudas, comentarios o sugerencias! ¡Me encantaría saber tu opinión! Recuerda que puedes seguirme en redes sociales y en mi blog: Blog/Web: lafilosofiaminimalista.com Instagram @lafilosofiaminimalista Twitter: @filominimalista TikTok: @lafilosofiaminimalista
  1. EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista.
  2. Cápsula Minimalista 18 |Que nadie te robe tu esencia.
  3. EP 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).
  4. Cápsula Minimalista 17 | Agradecer.
  5. EP29 | «Simplifica y Vende lo que ya no te aporta».

¡No olvides dejarme tus dudas o comentarios!

¡Saludos!

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«Chapado a la antigua/An old fashioned man».

«Chapado a la antigua/An old fashioned man».

El viejo Ildefonso se despertó y abrió los ojos. Lo único que observó en ese momento fue el techo desgastado de su casa y los rayos de luz que destellaban y le golpeaban la cara directamente. «Otra vez olvidé cerrar la cortina», pensó y se levantó. Su ser apenas comenzaba a adaptarse de nuevo a la vida. ¡No no!, no es que hubiera muerto, pero cuando dormía, nada lo despertaba y siempre decía: «Yo no duermo, yo me muero y por la mañana, resucito para continuar…».

Las personas pensaban que era una tontería, y digo personas, porque amigos como tal el señor Ildefonso ya no tenía. A sus 75 años se consideraba una persona “chapada a la antigua” o, como decía la canción en inglés an old fashioned man.

Al señor Ildefonso siempre se le veía con la cara larga, triste y melancólica. La razón era clara, pero no se la contaba a cualquier persona, ni a los que anteriormente habían sido más cercanos. Después de la muerte de su esposa, él cambió, comenzó a alejarse de todos los círculos y se aisló en su casa.

Pero aún así llamaba la atención. No él en sí, sino el binomio que hacía cuando subía a su viejo Chevrolet Bel Air del 57 y conducía por las calles de la ciudad. Se lo había regalado su padre cuando entró a la universidad. Recordó, entonces, después de levantarse y mirarse al espejo, cómo le gustaba pasear junto a su esposa en ese bonito auto. Mientras él conducía, ella lo tomaba de la mano y solo lo soltaba cuando tenía que cambiar de velocidad.

Amó a su esposa como a ninguna otra mujer y vaya que amó a otras, pero, como quién dice, «nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde», y el señor Ildefonso lo supo cuando la perdió. Como todos los días, se arrepintió de muchas cosas, de muchas palabras dichas, de muchas acciones hechas y de muchos pensamientos no concretados.

Ese día algo en él se activó y decidió honrar a su esposa. Pensó que no valía la pena o que era una tontería, pero, después de eso, se decidió. Su cuerpo se llenó de energía y entró a la ducha. Se aseó, se rasuró y se cortó las uñas. Eligió cuidadosamente las prendas y se vistió. Se peinó con gel, aunque no acostumbraba a hacerlo y se untó crema en la cara y el cuerpo. Nada que ver con el viejo que estaba tirado hace un momento en la cama.

Ya vestido con el viejo traje que usaba cuando salía con su esposa, sin corbata claro, pero con los zapatos bien lustrados, subió a su viejo automóvil y salió a la calle. Se dirigió a la antigua cafetería a la que solía ir con su amada y se sentó ahí, solo, en una mesa al aire libre. Le gustaba el lugar porque la decoración y los muebles era todos de color café rústico y estaba rodeado de plantas. Según él, “le daba un aspecto clásico”. Otro aspecto que le encantaba era que el techo era de cristal transparente. Recordó que le gustaba mucho acudir ahí con su esposa cuando llovía, porque podían ver la lluvia mientras caía y ellos pasaban el rato ahí.

Pidió su taza de café americano y un bisquet de mantequilla partido en dos. El viejo Ildefonso no le ponía azúcar, pues le gustaba el café amargo y fuerte, sentir la esencia del café. Se sentó ahí y sacó su celular, lo desbloqueó y buscó entre las fotos la imagen de su esposa. En realidad era una foto que le tomó a otra foto que tenía en un cuadro en su casa, pero la cual le gustaba llevar a todas partes.

«Qué ridículo debo de verme, un viejo con un celular viendo una foto de su esposa», pensó el viejo Ildefonso. Pero no le importó. A pesar de que el lugar estaba vacía al principio, poco a poco comenzó a llegar más personas, pero a él no le importó. Continuó bebiendo su café y mirando la foto de su amada, así, en silencio, como antes, solo eran los dos. El mundo giraba a su alrededor y la vida seguía, pero para ellos se detenía el tiempo y solo existían los dos.

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Ramsés K. Mishima
La Filosofía Minimalista
@lafilosofiaminimalista
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La belleza de la ausencia

Voy a comenzar con una pregunta: ¿Alguna vez te has percatado de la belleza de la ausencia? Por supuesto no hablo de la ausencia de tus seres queridos, ya que, ¿cómo podría ser hermoso eso? Hablo de la ausencia de objetos, de cosas materiales en exceso en tu vida. Recientemente me puse a reflexionar de lo hermoso y relajarte que es tener un espacio libre de objetos y la relajación y tranquilidad visual y emocional que produce. Es increíble y creo que deberías experimentarlo.

Yo acostumbraba a vivir lleno de objetos por todos lados y pensaba que tener lleno todo sería buena idea, que se vería “más bonito”, pero lo cierto es que solo me estresaba y me llenaba de polvo.

Hoy te dejo esta reflexión porque creo que podemos encontrar la belleza en la ausencia y vivir mejor. Tal vez te suena como lo que dice Marie Kondo, pero en verdad desde que he comenzado a liberar mis espacios de objetos he descubierto una nueva faceta de mi mismo que antes no conocía. Ahora tengo más tiempo para pensar en mis proyectos y para desarrollarlos, para enfocarme en lo que me gusta y en lo que amo.

Sé que es un proceso, pero si somos constantes podemos lograrlo. Sin embargo, realmente, el principal cambio es a nivel mental y cuando tu mente se de cuenta de que podemos vivir con lo esencial nunca querrás volver a llenarte de objetos, de cosas ni de personas que no aportan nada a tu vida.

Hasta la próxima…

El Minimalismo y el orden en tu casa: no conviertas tu vivienda en una bodega.

Disfruta la experiencia de tener un espacio libre de objetos que no necesitas.

Uno de los puntos iniciales por los cuales la mayoría se adentra en el mundo del minimalismo es el orden y, en especial, como fue en mi caso, parece ser que se deriva del hartazgo que produce el llevar una vida acumulando tonterías y una infinidad de objetos materiales que solo resguardamos para que estén ahí ocupando un lugar en el espacio, como cualquier materia, pero que las implicaciones y el significado de ese espacio que ocupan está vacío.

En mi caso yo no me di cuenta o, más bien, yo no me puse a reflexionar, hasta que fue muy tarde, las implicaciones que conllevaba el acumular cosas, tener mi espacio saturado, pero no solo eso, cosas que no utilizaba —o utilizo, porque aún estoy en ese proceso en algunos puntos—, y que solo tengo almacenadas. Entonces mi vivienda ya no era un lugar para vivir, era más bien un almacén de objetos; un espacio para resguardar objetos materiales que nadie usa.

La mayoría de los YouTube, escritores, blogeros o podcasters que he revisado han llegado al minimalismo por la puerta de los objetos materiales. Y es que en verdad produce un hartazgo o por lo menos en mí fue una sensación que me decía que ya no podía haber más, que si seguía acumulando entonces me volvería loco. Yo no vivía para las experiencias, vivía para acumular y cuidar cosas y cuando me di cuenta de cómo estaba desperdiciando mi vida, comprendí que tenía que poner un alto, sino, nunca pararía.

Es por eso que en este episodio quiero compartir con ustedes algunas reflexiones que he realizado en torno a la acumulación de objetos materiales y, nuevamente, como en el episodio 1 de este podcast comenté, yo no estoy en contra de adquirir cosas o de tener objetos. Sería una tontería de mi parte afirmar que podemos vivir sin nada, pues es una condición humana el buscar objetos que satisfagan nuestras necesidades, pero creo que sí podemos reflexionar sobre si en verdad esos objetos son indispensables para vivir.

Tu casa es uno de los espacios más importantes dentro de los que interactuas, y, como en mi caso, uno en donde paso mucho tiempo, así que ¿por qué debería tenerlo saturado de cosas que no utilizo? cuando lo reflexioné y después de leer algunos textos sobre minimalismo y orden en casa, me di cuenta de que el tener un lugar con menos cosas me permitiría vivir más relajado y con menos estrés.

Quiero dividir este episodio en dos partes: la primera, hablaré sobre algunos puntos relacionados con las desventajas o problemáticas que implica el tener una casa llenar de objetos.


Tendencia al desorden

Por experiencia, puedo dice que entre más objetos tienes en tu espacio habitacional, más difícil es mantener ordenado y limpio todo, pues como son más cosas, tienes que pasar más tiempo acomodando y limpiando, incluso cuando esté en orden. Yo pasaba mucho tiempo acomodando mis cosas cada día y parecía nunca poder acabar, pero anteriormente no reflexionaba sobre el principal problema: el exceso de objetos. Cuando llegaba de mi trabajo, por la tarde, me estresaba mucho ver mi cuarto saturado de cosas y algo me obligaba a ordenar y acomodar, sino, no podía estar tranquilo. No miento, en este proceso me distraía y tardaba más o menos una hora. Pero esto no es lo peor, además yo creía que estaba ordenado, pero era un acomodo efímero, pues solo los medio limpiaba y medio acomodaba, porque no podía llamarse orden en sí y de manera inconsciente lo que deseaba era de lo que hablaré en el punto siguiente: tener menos distracciones visuales.


Distracciones visuales

Este punto es muy importante, pues fue uno de los principales motivos que me llevaron a dejar de lado tener exceso de cosas, pues no solo es el hecho de la tendencia al desorden. En mi caso el principal problema era que esa sensación que tenía del exceso de cosas era porque en realidad me molestaba verlas todos los días ¿cómo lo sé? porque llegó un momento en el que sentí un dolor de cabeza intenso y ya no podía acomodar más, quería desaparecer todo y tener un espacio vacía y sin nada, para poder acostarme en el piso y dar vueltas por todos lados sin chocar con nada. En realidad el verdadero problema era que todas esas cosas me distraen y no me dejaban concentrarme en lo que hacía. Sé que suena exagerado y que hay personas que pueden estar trabajando o viendo la televisión a pesar del desorden, pero es porque el chip está desactivado. Si se activara, seguro que no podrían estar tranquilos realizando cualquier actividad mientras está el desorden y todo tirado. Eso me pasaba a mi, si iba a realizar mi tarea o trabajo en mi escritorio destinado a eso, primero tenía que acomodar todas mis figuras de Star Wars, limpiar sus cajas, acomodar mis libros y quitarles el polvo, acomodaba mis objetos de uso personal, los cables de mis dispositivos, quitaba las cosas del escritorio para despejar y todo me distraía. Hasta que no hacía todo esto, no podía comenzar a trabajar y esto me quitaba mucho tiempo. Pronto me di cuenta de que lo que quería era poder sentarme frente a mi escritorio en cualquier momento y no tener nada que me distrajera del monitor de la computadora y que si tendí una idea, pudiera plasmarla rápido y sin distraerme. De tal forma que me deshice de todo lo que me distraía.


Reducción de espacio para vivir

Menos cosas, menos distractores visuales.

No somos conscientes de esta otra afectación al tener exceso de objetos, en especial si vivimos en una casa muy grande. Incluso, si vivimos en una casa grande y tendemos a acumular, tarde o temprano terminaremos llenándola de objetos y sentiremos que necesitamos una más grande, pero debería ser al revés. Es una tendencia que parece no terminar. Si tenemos menos cosas, deberíamos necesitar menos espacio para habitar. Me parece que el secreto está en preguntarnos de manera seria qué objetos o cosas necesitamos realmente para desarrollar nuestras actividades diarias y cuáles nos hace feliz utilizar, de tal manera que todo lo demás podríamos plantear seriamente el dejar ir.

Por ejemplo, por mucho tiempo guardé los libros y libretas que utilicé en la secundaria, en la preparatoria y en la licenciatura. Acumulé alrededor de cinco cajas con todo este material y, les puedo afirmar, que desde que las resguardé jamás utilicé alguno de esos documentos, nunca. Solo estuvieron guardados ahí, ocupando espacio y reduciendo espacio vital para mí. Además yo era consciente de que estaban ahí, pero siempre que las veía pensaba: «debo conservarlas porque son recuerdos de mis años de escuela y me esforcé mucho en las actividades y tareas que ahí quedaron plasmadas». Si fui muy dedicado en la escuela, pero después comprendí, cuando me acerqué al minimalismo, que todo el esfuerzo que realicé para llevar a cabo esas tareas no tenía relevancia en esos documentos, tenía importancia que yo hubiera asimilado los conocimientos. Los papeles eran una evidencia claro, un documento tangible, pero si en casi siete años no los utilicé y puede acceder a todo ese conocimiento en mi mente y recordando los aprendizajes, así como revisando e investigando de vez en cuando algo en específico, pues creo que no fue nada grave desprenderme de esas cajas.

Además, en la actualidad, en la era digital con la ventaja del internet, tenemos la ventaja de que podemos acceder a un sinfín de información de todo tipo, así que no le veo la necesidad de guardar montañas de papeles en restan espacio vital. Por eso es que pude desprenderme de esas siete cajas, pues por muy bien clasificadas que estuvieran, ya que las había acomodado por nivel educativo y por materia, cuando me surgía una duda sobre algún tema en específico, era —y aún lo es— mucho más sencillo buscarlo en internet, en mi celular, que aventurarme a buscar dentro de las cajas, en las libretas por materia y en todos las páginas. En realidad solo de pensarlo me duele la cabeza. Ejemplos como este tengo muchos más, pero a lo que quiero llegar es que el desocupar un espacio perdido no significa que tenemos que llenarlo con algo más. ¿Alguna vez has experimentado la tranquilidad y relajación que produce contemplar un espacio vacío? parece una tontería lo sé, pero cuando me deshice de esas cajas de documentos visualizar ese espacio me produjo una sensación de tranquilidad. Debo reconocer que estuve tentado a “rellenarlo” con algo más, pero resistí y decidí dejarlo así, vacío. Y hasta el momento me siento feliz de verlo libre.

Algo de lo que yo no me daba cuenta era de que al tener muchos objetos por todos lados estaba restando espacio para vivir y estaba convirtiendo mi casa en una bodega.


Objetos inservibles

Ejemplos como el del inciso anterior hay varios y voy a comentar algunos con una perspectiva un poco diferente, pues lo que yo considero objetos inservibles, puede que no lo sean para otras personas. ¿A qué me refiero con esto? la respuesta es muy sencilla: estoy totalmente a favor de que debemos deslindarnos de aquello que no necesitamos, que no nos hace felices y que no le damos ninguna utilidad, pero antes de hacerlo, me parece prudente el reflexionar si eso que vamos a eliminar de nuestras vidas podría servirle a alguien más o si le podría sacar mayor provecho.

Por ejemplo el caso de los libros de las asignaturas que cursé en la secundaria y en la preparatoria, no consideré que le pudieran servir a un alumno de ahora que esté cursando esos niveles, porque los temas se van actualizando y los formatos se van adecuando a los tiempos, por eso es que no consideré que les fuera a servir de utilidad. A lo mejor un coleccionista de materiales educativos —no dudo que lo haya, pero no conozco a ninguno— hubiera estado interesado, pero de forma estricta con una utilidad de estudio en clases, pues no estoy seguro. Por tal motivo, a la persona a quien se los regalé, me dijo que los vendería como papel reciclado y que con eso obtendría algo de dinero para comer (o por lo menos eso afirmó). Si lo ocupa o no para eso es cosa de él, pero a lo que quiero llegar es que si alguien considera que aquello que para ti no tiene utilidad para él si la tiene, de cualquier tipo, entonces además de desprenderte de ese objeto, estás ayudando a alguien más y eso me parece muy valioso.

Otro caso así me pasó con mis termos de café. Yo amo el café y suelo tomar todos los días. incluso al trabajo llevo mi termo. Sin embargo tenía una amplia colección de termos guardados que no utilizaba y solo “estaban ahí”, así que decidí que si no los utilizaba no tenía ningún sentido mantenerlos. Es decir, solo necesitaba uno, no quince ocupando espacio sin ningún propósito. Unos los había comprado, otros me los habían regalado, otros me los habían obsequiado con otro artículo que adquirí, como el que venía con mi celular, y otros no tengo idea de dónde habían salido. De tal manera que estos objetos tenían una utilidad en sí, pero yo no se la estaba dando, de modo que tenía dos opciones: la primera, comenzar a utilizarlos e ir rotando cada día de la semana para sacarles provecho (lo cual se me hacía innecesario) o elegir uno, el que más me gustará y quedarme solo con ese. Y por supuesto que elegí la segunda opción. Después regalé los demás y algunos los tiré.

Ahora bien, me parece que no se trata de regalar por regalar para que alguien más acumule. Los termos los regalé a personas cercanas que sé que les gusta el café y que los van a utilizar. Porque no se trata de desprendernos para que alguien más los tenga guardados o por lo menos esa es la intención. Sino, el ciclo nunca termina.


Objetos “por si acaso”

Esta es una de las frases que todos hemos escuchado en nuestras casas y creo que en algunos casos es aplicable y razonable implementarla, pero en otros considero que es una tontería comprar, adquirir o resguardar objetos que no necesitamos en el momento y que suponemos que “podríamos” necesitar, ya que de cierta forma nos predisponemos a que los tendremos que ocupar y entonces terminaremos por ocuparlos porque ya los tenemos. Esto no es en sí una necesidad, estamos respondiendo a una previsión. Y no es que esté mal ser prevenidos, pero creo que hay algunas cosas que no necesitamos mantener en nuestros hogares cuando no estamos seguros si los vamos a usar o no. Por ejemplo, estaría de acuerdo en que compraremos un paquete de 60 rollos de papel de baño, ya que es algo que utilizamos y no es práctico comprar de uno en uno, pero no vería necesario comprar un par de zapatos color rojo por si “adquirimos después un vestido o un atuendo de ese color para combinarlo”. Sería algo innecesario.

Otro ejemplo que a mí me pasó es que en una ocasión pensé en comprarme tres camisas color blanco, iguales, porque generalmente se ensucian muy fácil por ser muy claras y consideré que solo tener una no me sería práctico. De esta manera las alternaría y no se gastarían tanto. Pero después reparé en que no utilizo ese color tan seguido, así que no vi la necesidad de tener tres del mismo color. Si fuera mi uniforme, tal vez sí sería bueno tener una para cada día, porque siempre tendría que usar el mismo color, pero como no es así, para qué tener tres iguales.


Comentarios finales

Sé que estos puntos son solo un pequeño ejemplo de todo lo que podríamos hacer de manera general para no convertir a nuestra casa o departamento en una bodega y poder mantener solo lo necesario y que en verdad utilizamos y no tener un almacén de objetos que no utilizamos, que no nos gustan y que a veces ya ni nos acordamos que están ahí porque ha pasado tanto tiempo desde que los adquirimos y guardamos que desconocemos su existencia.

Por otro lado, también está el hecho de que los objetos que no usamos y que no nos proporcionan ninguna felicidad, pero que están a la vista todo el tiempo son un distractor visual que a parte de ocupar espacio, generan polvo y no cumplen un propósito en nuestras vidas, lo cual me parece un desperdicio. Es por eso que reducir objetos como los libros, cajas, películas, ropa, zapatos, artículos decorativos, papeles, bolsas, figuras, discos, entre muchas otras, puede contribuir en gran medida a liberar y despejar nuestro espacio y disfrutar del placer de poder desplazarnos en una vivienda con mayor espacio y sin el estrés que produce el vivir en un espacio saturado y lleno de polvo.

Hasta la próxima.

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«Vive con menos, vive más».