Episodio 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).

¡Hola de nuevo!

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¡Los saludo con gusto!

En el episodio de hoy te comparto la entrevista que realicé a Ruth Obando, quien es la voz que da vida a las meditaciones guiadas de la App Meditopia. Una increíble aplicación que me ha ayudado a disfrutar la meditación y a incorporarla en mi vida.

En este episodio Ruth nos aclara algunos mitos y realidades de la práctica de la meditación. A través de sus más de 10 años de experiencia meditando, nos comparte algunos tips y sugerencias para comenzar a meditar, para tener mayor paz mental y transitar por el mundo de una forma más consciente.

¡Espera! ¡Además si te interesa comenzar a meditar, el equipo de Meditopia nos ha otorgado un código de descuento del 40% en el plan premium con el cual podrás probar la aplicación con todas sus funciones y todas las meditaciones. ¡Anímate! ¡La vas a disfrutar! ¡Vale mucho la pena!

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Te comparto la página oficial de Meditopia y la cuenta de Instagram, en donde podrás conocer más de esta aplicación.

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También te invito a que segas el contenido de Ruth en YouTube y en su Blog 👇❗️

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Y su cuenta de Instagram: thewellnessexpert

¡Espero les guste!


EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista. La Filosofía Minimalista

¡Hola de nuevo! ¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista! ¡No te olvides de seguir a @lafilosofiaminimalista en Instagram! En el episodio de esta semana te comparto 3 ventajas y 3 desventajas que reflexioné sobre tener un clóset minimalista o, en otras palabras, simplificar nuestro guardarropa, quedarnos con la ropa que más nos gusta y nos hace feliz usar. De igual manera te comento que publiqué esta reflexión en un artículo de mi blog lafilosofiaminimalista.com Te dejo el link por si te interesa revisarlo. https://lafilosofiaminimalista.com/2020/07/04/el-minimalismo-y-la-ropa/ ¡Espero les guste! ¡No olvides dejarme tus dudas, comentarios o sugerencias! ¡Me encantaría saber tu opinión! Recuerda que puedes seguirme en redes sociales y en mi blog: Blog/Web: lafilosofiaminimalista.com Instagram @lafilosofiaminimalista Twitter: @filominimalista TikTok: @lafilosofiaminimalista
  1. EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista.
  2. Cápsula Minimalista 18 |Que nadie te robe tu esencia.
  3. EP 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).
  4. Cápsula Minimalista 17 | Agradecer.
  5. EP29 | «Simplifica y Vende lo que ya no te aporta».

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«¿Es la naturaleza humana valorarlo todo cuando ya no lo tiene?».

—Ahora que no podemos o, más bien, no debemos salir por la contingencia es cuando más valoro salir y conocer nuevos lugares —le comenté, humildemente a Roxana, cuando me llamó por teléfono.

—¿Ah sí? Pues eso es normal —me contestó.

—¿Qué? ¿Y qué tiene de normal?

—Siempre tiene que haber una restricción, para que nos demos cuenta de que teníamos la posibilidad y no la aprovechábamos. Siempre tiene que haber una pérdida, para valorar lo que se fue y siempre tiene que haber un «hubiera», para valorar lo que «hubiera sido».

—Me desespera cuando comienzas a filosofar —le comenté—. ¿A dónde quieres llegar?

—Simplemente creo —me comentó—, que de otra manera no podemos valorar las cosas, personas, lugares o experiencias a menos de que haya algo que nos impida tenerlas, verlas, visitarlas o vivirlas.

—Mmm…

—Por ejemplo, piensa en un lugar en donde quisieras estar ahora mismo y que anteriormente pudiste ir, pero simplemente no lo hiciste.

—Me gustaría hacer trekking en el Nevado o incluso cualquier lugar que no sea mi casa ni la tienda de conveniencia —le contesté.

—¡Ahí lo tienes! —me dijo Roxana—, es así de sencillo. Cuando puedes, no lo haces, y cuando quieres, no puedes «o no debes» hacerlo. Siempre hay pretextos.

—La verdad sigo sin comprender a dónde va tu argumento.

—Es muy sencillo —me respondió—. Todo se resume a que los seres humanos desaprovechamos las mejores oportunidades cuando las tenemos. ¿Crees que eres el único que reflexiona sobre las «posibilidades»? ¡Pues no! ¡Todos lo hacemos! Todos valoramos a esa persona cuando ya no está; la mayoría comprende la utilidad de las cosas cuando las pierde; la mayoría valora las experiencias cuando ya no puede vivirlas.

—Entiendo —le respondí—. ¿Entonces cuando acabé la contingencia está bien que vaya?

—¿Tú qué crees? —me contestó.

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«Deja de vivir de forma inconsciente».

—¿Y ahora te vas a convertir al existencialismo? —me preguntó Sergio.

—¿Convertirme? ¡No! ¡Qué va! pero creo que la analogía del Mito de Sísifo con trabajo en las fábricas que planteó Albert Camus es verdad.

—¿Te refieres a la rutina? —me preguntó y después agregó antes de que yo contestara—: en realidad creo que lo que nos invita a reflexionar es sobre si en verdad la vida vale la pena desperdiciarla en una rutina de forma «inconsciente» como si fuéramos robots.

—Justamente —le respondí cuando me cedió la palabra—. Sísifo estuvo condenado por los dioses a empujar una gigantesca roca todos los días por una pendiente en una montaña y, cuando llegaba al final, la roca caía y tenía que volver a empujarla hasta llegar nuevamente al final y así, por toda la eternidad…

—Lo sé. Es exactamente eso. Pero en determinado momento, Sísifo se hizo consciente de que su tarea era algo fútil y sin sentido.

—Bueno, por eso era un castigo —le respondí—. Es como el castigo auto-impuesto de trabajar toda tu vida en algo que no te hace feliz —le argumenté—, pero como yo lo veo, esa analogía se puede reflexionar en dos ámbitos.

—¿Ah sí? ¿Cuáles? —me preguntó.

—Bueno, imagina lo siguiente: puedes dedicar tu vida a trabajar en algo que no te hace feliz y así, día a día, seguir, como robot. O, por otro lado, puedes ser consciente y buscar la manera de «liberarte» de esa monotonía.

–Pero Sísifo no podía elegir —me precisó Sergio.

—Pero nosotros sí.

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Hana |Fragmento 5 |«El Ascenso».

Si las personas del pueblo de Vikunar conocieran el oscuro pasado de Zembu Rambután, —sí, Rambután, como la fruta—, no creerían que ahora es un maestro de meditación que habla solo de cosas positivas. Sin embargo lo interesante no es su YO del presente, ni su YO del pasado, sino, su YO transitorio. ¿Cómo le hizo para salir de ese profundo agujero, oscuro como la cueva más recóndita? Solo él lo sabe.

Durante su profunda meditación matutina, el maestro Zembu no lograba encontrar la paz. Desde hace unos días, la meditación no estaba llenando sus expectativas, pues no lograba enfocarse ni llegar a la conclusión de nada. Estaba consciente de que debía “dejar” que los pensamientos fluyeran, pero también estaba consciente de que, tarde o temprano, “ese río de ideas tenía que desembocar inevitablemente en algún mar”. «¿Será a caso que estoy perdiendo la calma?», pensaba el maestro. O será acaso que las palabras de esa jovencita, Hana, lo habían hecho dudar sobre si todo lo que había creído acerca de la meditación era cierto o simplemente se trataba de lo que él quería creer.

Después de todo, la meditación solo fue, para él, una vía para liberarse de las ataduras de su pasado. «¿Acaso necesitamos padecer el sufrimiento para poder regresar a la estabilidad?» Una pregunta lo llevaba a otra. Ya lo decía el gran Buda en una de sus 4 nobles verdades: «El hombre viene a este mundo a sufrir».

Su YO del pasado creía fervientemente en eso, pero su YO del presente había dejado esa idea desde hace mucho. Cuando perdió a su esposa y a su hija de 2 años en ese fatídico accidente de auto que él provocó, sintió que él también murió ese día.

Por mucho tiempo la culpa lo devoró. Se dejó consumir por el alcohol y la melancolía, la depresión y la tristeza. No había día en el cual no sintiera culpa, no volvió a conciliar el sueño, la comida perdió su sabor, cualquier paisaje, por muy colorido que fuera, era gris para él. Fue como si alguien le hubiera quitado el color a todo su entorno.

Un día en una cantina en el pueblo, ahogado en alcohol comenzó a hacer todo tipo de destrozos en el lugar. Lo corrieron y le tiraron licor encima. Lo bañaron con agua sucia y lo dejaron ahí, con la tierra como único soporte. Fastidiado de la vida, caminó sin rumbo hasta que llegó a la Colina del Silencio. Le llamaban así porque no se escuchaba nada. «Aquí es un buen sitio», pensó el maestro Zembu.

«¿Es así como debe terminar?», pensó. «todo lo que sube, baja, la luz se opaca ante la oscuridad y la maldad conquista inevitablemente la bondad de las personas».

De pronto se detuvo frente a un borde y pensó en aventarse. «Si solo he venido a sufrir a este mundo, ¿no debería ser yo quien termine con ese sufrimiento», se preguntó el maestro Zembu, con el rostro lleno de lágrimas.

Sin embargo cuando estaba por lanzarse al precipicio una voz lo detuvo y le habló:

—¿Es la elección más sencilla verdad?

—¡Eh! ¡Métase en sus asuntos! —le gritó el maestro Zembu.

—Ciertamente, si te avientas a ese precipicio todo terminara, incluido tu sufrimiento, pero ¿es aquí donde termina la razón de ser de tu existencia? ¿Esto es lo único para lo que has venido a este mundo?

—¡Solo vine a este mundo a sufrir! —contestó el maestro Zembu—. ¡Todos los días veo los rostros de mi esposa y mi hija en mis sueños, me siguen a todas partes! ¡Es por mí que están muertas! ¡Usted que va a saber viejo! ¡Lárguese de una buena vez!

—Bien, si así lo deseas, me retiraré —le contestó el anciano—, pero déjame decirte algo antes de que me vaya. Conozco un método para que puedas liberarte de tu sufrimiento. No es fácil, pero puedes conseguirlo. No tienes que morir para liberarte. Tampoco tienes que olvidarlas, simplemente tienes que aprender a convivir con su recuerdo.

—¿Convivir?

Y así fue como comenzó el camino de la iluminación del maestro Zembu. A veces se nos presentan buenas oportunidades para cambiar, pero no las tomamos.

«Es de sabios cambiar».

«Es de sabios cambiar (poco a poco)».

—¿A quién quieres engañar? —me preguntó Roxana. Después miró el recipiente que tenía en la mano y le dio varias vueltas.

—¿Engañar? ¿Con qué? —le respondí.

—Años y años de utilizar vasos de plástico y de comprar cafés generando basura y ahora quieres llevar tu termo a todas partes —me argumentó Roxana, muy segura de sus palabras.

—Bueno, es de sabios cambiar de opinión ¿o no?

—No seas ingenuo —me respondió—, el plástico nunca se va a acabar y tampoco dejarás de usar plástico nunca.

—Yo no estoy diciendo que dejaré de usar recipientes de plástico ni de ningún otro material —le expresé, le quité mi termo y lo dejé en la mesa—. Lo que quiero decir es que es mejor un pequeño cambio a no cambiar nada.

—¿Te traumaste con el video de la tortuga a la que se le atora un popote de plástico en el ojo verdad? —me preguntó Roxana.

—No. No es por eso —le precisé—; además videos como ese hay muchos.

—Ehh… —musitó—, bueno, si quieres llevarte tu termo, adelante…

—¿Quieres que lleve uno para ti? —le pregunté.

—¿Para mí? ¡Claro que no!

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@lafilosofiaminimalista

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«Manifiesto hacia el mañana».

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Qué tal si comenzamos hoy, a vivir cada momento,

disfrutando cada instante, sin esperar impacientes, el devenir de las horas.

Qué tal si vivimos el hoy, antes de apresurar lo siguiente,

intentando ser consciente, de lo que ahora estoy sintiendo.

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No tengo más que mi calma, que me tienta hacia el mañana,

para recordar un tiempo, que ni siquiera he vivido,

cuando aún no he yo ni salido, del estado del presente.

Siempre miro hacia el futuro, como si fuera su dueño,

pero nunca es más que un sueño, que se esfuma en un instante.

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Pienso luego en el siguiente, como si fuera una rueda,

dando vueltas como pueda, para alcanzar mi destino.

Sin embargo no hay camino, que vislumbre algo más raro,

que esperar cada momento, eso que te quede claro.

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Y si acaso sigo aquí, esperando vivo y sano,

disfrutaré lo que tengo y lo que siento en mis manos,

porque si hay algo que puedo, sujetar con mucha fuerza,

justamente es mi presente, sin pensarlo y sin que quiera,

cada instante que se esfuma y se queda en otra era.

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@lafilosofiaminimalista

EP 25 | 10 Actitudes para la meditación mindfulness.

Episodio 25| 10 Actitudes para la meditación Mindfulness.

¡Hola de nuevo!

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En el episodio de hoy quiero compartirte 10 actitudes para comenzar con el arte de la meditación, las cuales nos plantea el maestro en meditación mindfulness Silvio Raij. En el episodio analizamos cómo estas variables no solo pueden aplicarse en el proceso de meditación, sino que también pueden llevarse a la práctica en nuestra vida cotidiana.

Además nos plantea una nueva forma de ver la meditación, alejada de los estereotipos de las películas en los cuales los monjes que meditan, tienen todo el tiempo del mundo, el espacio y la tranquilidad.

En los tiempos modernos, la meditación puede ser complicada de llevar a la práctica, pero estos consejos nos ayudarán a ver la meditación como algo más real y cercano.

¡Acompáñame a descubrirlo!

¡Espero les guste!

Puedes escuchar el episodio en Spotify, Ivoox o Apple Podcast.

EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista. La Filosofía Minimalista

¡Hola de nuevo! ¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista! ¡No te olvides de seguir a @lafilosofiaminimalista en Instagram! En el episodio de esta semana te comparto 3 ventajas y 3 desventajas que reflexioné sobre tener un clóset minimalista o, en otras palabras, simplificar nuestro guardarropa, quedarnos con la ropa que más nos gusta y nos hace feliz usar. De igual manera te comento que publiqué esta reflexión en un artículo de mi blog lafilosofiaminimalista.com Te dejo el link por si te interesa revisarlo. https://lafilosofiaminimalista.com/2020/07/04/el-minimalismo-y-la-ropa/ ¡Espero les guste! ¡No olvides dejarme tus dudas, comentarios o sugerencias! ¡Me encantaría saber tu opinión! Recuerda que puedes seguirme en redes sociales y en mi blog: Blog/Web: lafilosofiaminimalista.com Instagram @lafilosofiaminimalista Twitter: @filominimalista TikTok: @lafilosofiaminimalista
  1. EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista.
  2. Cápsula Minimalista 18 |Que nadie te robe tu esencia.
  3. EP 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).
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Hana | Fragmento 4 | «Despertar».

Desde pequeña, Hana estuvo acostumbrada a toda clase de lujos, en especial aquellos de tipo material. Durante su infancia en México, asistió a las escuelas particulares más prestigiosas y costosas. En particular dos factores produjeron que para ella la vida girara en torno a las cosas materiales: el primero fue su círculo de amigas y el segundo fue su familia.

Aunque dentro de Hana, muy en el interior, algo siempre le dijo que eso no la hacía feliz, por el simple hecho de querer darle gusto a los demás, seguía los patrones de conducta de las personas.

Es por eso que para Hana fue un cambio muy drástico el iniciar en una nueva ciudad, en otro país, en donde tendría que comenzar de nuevo. Hacerse a la idea de un nuevo comienzo le causó a Hana un fuerte dolor de cabeza. Por otro lado, ella no imaginó que a lo primero que tendría que enfrentarse sería al rechazo de las personas del lugar y de sus compañeros de escuela.

Cuando Hana regresó a su casa, su corazón se sintió agitado, palpitaba muy fuerte y una chispa se encendió. Algo tan simple la había conmovido: ¡una fruta cualquiera! Claro que no era el tipo de regalo al que estaba acostumbrada, pero el detalle le había parecido muy noble. La conmocionó tanto, que cuando se despidió de Yamir le dio un beso en la mejilla. Él se puso rojo de la pena —a pesar de que su tez era muy morena, algo común en la gente de ese país—, y se fue después de eso.

Una vez en casa, Hana tomó una ducha y se cambió la ropa de la secundaria por un atuendo más cómodo. Se dispuso a preparar algo sencillo para cenar: un sándwich de crema de maní y un té. Si bien la madre de Hana la dejó al cuidado de la señora Naisha, quien básicamente se encargaba de la limpieza y preparar comida, a Hana no le agradaba que la comida estuviera tan condimentada. Prefería comer cualquier cosa antes que comida hindú. Cuando preparó el sándwich y el té, se sentó, miró de frente los alimentos y pensó: «no es lo más nutritivo, pero de algo servirá».

Mientras comía comenzó a llover, así que los árboles del jardín y las flores se llenaron de agua y se fortalecieron. Por la tarde el sol había estado en su máximo esplendor, por lo que el calor había sido intenso.

Después de terminar sus alimentos recordó el regalo que le dejó su madre, fue por él, lo colocó en la mesa de centro y se sentó para abrirlo. La verdad es que no esperaba mucho, pues ya sabía el tipo de cosas que le regalaba su madre en su cumpleaños. Siempre le decía: «revisa en internet lo que quieras y lo que más te guste, guardas el link y me lo envías. Yo lo pediré para que te llegue».

Antes de abrirlo Hana pensó que lo que más le gustaría sería poder verla y abrazarla, más que algo que se puede comprar en cualquier tienda. Cuando por fin tomó el paquete se dispuso a abrirlo, lo agitó y se percató de que no pesaba nada. «Estará vacío», pensó. No, su madre no sería tan cruel. Ya no recordaba qué le había enviado en el link, ya que no le importaba. Hana seleccionó lo primero que vio en una página y eso le envió.

Sin embargo al abrirlo se sorprendió, porque el paquete contenía un sobre color azul, su color favorito. Dentro del sobre había una fotografía tamaño media carta y una nota escrita con una letra hermosa. El texto decía lo siguiente después de la fecha:

En la foto había tres personas: la madre y el padre de Hana y una pequeña Hana de nueve años. Sobre la carta que tenía en las manos, comenzaron a caer pequeñas gotas de agua y las letras se distorsionaron. Sin embargo, solo llovía en el exterior.

Hana | Fragmento 3 | «Menosprecio».

El martes fue el cumpleaños de Hana, pero para ella no era algo digno de recordar. Nunca le gustaba festejar su cumpleaños, de hecho, ese día, no planeó celebrar ni nada. Además ¿con quién lo haría? Su madre no estaba. Solo le envió un mensaje de texto que decía: «¡Te amo hija! ¡Discúlpame por no poder estar contigo en tu cumpleaños nuevamente! pero no he olvidado la fecha, ni tu regalo, así que ¡Ya puedes abrirlo! No te hagas, ya sabes en dónde está». El mensaje terminaba con unos emojis sonrientes y de corazones.

En efecto Hana ya sabía en dónde guardaba su mamá el regalo para ella. A Hana le daba risa que su madre de verdad pensaba que ella no sabía en dónde lo escondía. Incluso podía haberlo abierto desde mucho antes, pero por alguna razón a Hana le gustaba esperar a que llegara la fecha y abrirlo, no porque le importara, sino porque creía que así su reacción sería más natural y podría transmitírsela a su madre.

Hacía ya dos semanas que su madre se había ido “a su lugar de trabajo”. Nunca había llevado a Hana a ese lugar, pero si le comentó: «No puedes venir conmigo, por ningún motivo. Lo siento, en verdad, pero es por tu bien». Nunca volvía antes, ni por alguna situación especial. Pero Hana tenía un número de emergencia al cual le dijo un día su madre: «Si hay alguna emergencia, algo grave, de vida o muerte, llama a este número ¿de acuerdo? para todo lo demás, seguro podrás arreglártelas. Yo tengo fe en ti. Si necesitas algo, consultalo con el maestro Zembu, él siempre está “ahí” y estará dispuesto a ayudarte». «¡Vaya tontería!», pensaba Hana.

A sus catorce años, Hana era una jovencita de lo más normal, o al menos así la consideraban sus compañeros. No acostumbraba a salir con sus compañeros de la escuela ni a hablar con nadie. Además casi nadie deseaba hablar con ella y sufría discriminación por ser extranjera. Si bien no fue su elección vivir en esa ciudad de la India, su madre tuvo que llevarla consigo para “tenerla un poco más cerca”.

A Hana no le agradó la idea en un principio, pues pensaba que era lo mismo, de todas maneras nunca estaba con ella. «¿Qué diferencia había si me dejaba sola en México a si me dejaba sola en India?».

En fin, ese día Hana se alistó para ir a la escuela y dejó el regalo para después. Tomó las clases de forma normal, comió sola en el almuerzo mientras observaba a los demás alumnos jugar, a otros platicar y a algunos en su celular. «Otro día como los demás», pensó.

Sin embargo, a la hora de la salida Hana se llevó una sorpresa. Uno de sus compañeros la esperaba en la entrada, justo junto al enorme árbol que estaba al lado y que daba un poco de sombra a la entrada. En primera instancia pensó que no era a ella a quien llamaba con la mano, pero cuando el muchacho la llamó por su nombre, fue cuando reaccionó.

—¡Hana!

Ella no supo cómo reaccionar, pero se detuvo frente a él. Pensó en pasarlo e ignorar que la llamaba, pero su madre le había dicho que debía ser educada y amable con sus compañeros.

—¿Sí? ¿Qué pasa? —le preguntó Hana sin apenas hacer una expresión en su rostro.

—Pues mira —le contestó su compañero—, sé que hoy es un día especial y te he traído un obsequio.

—¿Un obsequio? ¿para mí?

—Sí, la verdad no es la gran cosa, pero pensé en traértelo. Papá los trajo ayer y…

—Lo siento, pero no tenías que hacerlo —le interrumpió Hana—. Mira tengo que irme, así que muchas gracias.

—Pero es que siempre te ves tan triste y pensé que algo dulce te animaría.

El muchacho abrió la bolsa que llevaba y le mostró a a Hana lo que había en su interior. Dentro de la bolsa de paja había algunos mangos que brillaban por la luz del sol. Hana no identificaba bien a ese muchacho, pero estaba segura que iba en su mismo grupo, de lo contrarío, ¿cómo sabía que era su cumpleaños?

Hana metió la mano en la bolsa y tomó uno de los mangos, lo sopesó y apretó un poco. Se percató de que estaban maduros y listos para comer.

—¡Se ven deliciosos! —le comentó Hana—. ¡Comámoslos juntos!

—Es la primera vez que te veo sonreír —le precisó el muchacho.

—¡Vamos! —le dijo Hana.

Hana tomó al muchacho de la mano y lo llevó a una de las bancas fuera de la escuela. Ahí comieron juntos la fruta y ella olvidó por un momento la soledad que le esperaba al regresar a casa.

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

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Episodio 24 | ¿Cómo sobrevivir al desapego?

¡Hola de nuevo!

¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista!

¡Los saludo con gusto!

En el episodio de hoy quiero compartirte algunas reflexiones sobre el tema del desapego. En realidad. En esta ocasión, retomamos un texto del famoso psicólogo Walter Riso, “Desapegarse sin anestesia”.

El apego es uno de los males más antiguos y dañinos de la historia de la humanidad, nos limita y nos amarra los objetos, las personas o las ideas. En este episodio exploramos el tema del apego en los tiempos modernos en cinco ámbitos. No son todos ni los únicos, pero he seleccionado estos cinco porque considero que son los más comunes, importantes y aquellos que se relacionan directamente con la Filosofía Minimalista.

  1. .¿Qué es el apego y por qué nos apegamos? ¿Siempre es malo apegarse a algo, alguien o a una idea?
  2. El apego a lo material.
  3. El apego a las personas.
  4. El apego a las ideas.
  5. Apego al internet o las redes sociales.

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