Episodio 27 |5 errores que cometí con el minimalismo.

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En el episodio de hoy te comparto 5 errores que he cometido desde que comencé con el minimalismo como estilo de vida. La mayoría son equivocaciones que he realizado por desear ser un perfecto minimalista. Espero te guste este pequeño análisis y te sirva si te estás adentrando en esta filosofía de vida.

  1. Pensar el minimalismo como un fin. Pensar que el objetivo era ser lo más minimalista posible.
  2. Pensar el minimalismo como una categoría estricta. Pensar el minimalismo como una caja que solo se debía llenar con acciones o comportamientos minimalistas.
  3. Dejarme limitar por el minimalismo. Dejar que el minimalismo me censurara o restringiera en cosas que me gustaban.
  4. Querer ser como otros minimalistas. Querer imitar esos estereotipos minimalistas.
  5. Inculcar el minimalismo a las demás personas. Está bien compartir, generar reflexión y analizar, pero de ninguna manera debes esperar que las demás personas quieran adoptar tu estilo de vida.

¡Espero les guste!

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EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista. La Filosofía Minimalista

¡Hola de nuevo! ¡Bienvenidos a La Filosofía Minimalista! ¡No te olvides de seguir a @lafilosofiaminimalista en Instagram! En el episodio de esta semana te comparto 3 ventajas y 3 desventajas que reflexioné sobre tener un clóset minimalista o, en otras palabras, simplificar nuestro guardarropa, quedarnos con la ropa que más nos gusta y nos hace feliz usar. De igual manera te comento que publiqué esta reflexión en un artículo de mi blog lafilosofiaminimalista.com Te dejo el link por si te interesa revisarlo. https://lafilosofiaminimalista.com/2020/07/04/el-minimalismo-y-la-ropa/ ¡Espero les guste! ¡No olvides dejarme tus dudas, comentarios o sugerencias! ¡Me encantaría saber tu opinión! Recuerda que puedes seguirme en redes sociales y en mi blog: Blog/Web: lafilosofiaminimalista.com Instagram @lafilosofiaminimalista Twitter: @filominimalista TikTok: @lafilosofiaminimalista
  1. EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista.
  2. Cápsula Minimalista 18 |Que nadie te robe tu esencia.
  3. EP 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).
  4. Cápsula Minimalista 17 | Agradecer.
  5. EP29 | «Simplifica y Vende lo que ya no te aporta».

Hana |Fragmento 5 |«El Ascenso».

Si las personas del pueblo de Vikunar conocieran el oscuro pasado de Zembu Rambután, —sí, Rambután, como la fruta—, no creerían que ahora es un maestro de meditación que habla solo de cosas positivas. Sin embargo lo interesante no es su YO del presente, ni su YO del pasado, sino, su YO transitorio. ¿Cómo le hizo para salir de ese profundo agujero, oscuro como la cueva más recóndita? Solo él lo sabe.

Durante su profunda meditación matutina, el maestro Zembu no lograba encontrar la paz. Desde hace unos días, la meditación no estaba llenando sus expectativas, pues no lograba enfocarse ni llegar a la conclusión de nada. Estaba consciente de que debía “dejar” que los pensamientos fluyeran, pero también estaba consciente de que, tarde o temprano, “ese río de ideas tenía que desembocar inevitablemente en algún mar”. «¿Será a caso que estoy perdiendo la calma?», pensaba el maestro. O será acaso que las palabras de esa jovencita, Hana, lo habían hecho dudar sobre si todo lo que había creído acerca de la meditación era cierto o simplemente se trataba de lo que él quería creer.

Después de todo, la meditación solo fue, para él, una vía para liberarse de las ataduras de su pasado. «¿Acaso necesitamos padecer el sufrimiento para poder regresar a la estabilidad?» Una pregunta lo llevaba a otra. Ya lo decía el gran Buda en una de sus 4 nobles verdades: «El hombre viene a este mundo a sufrir».

Su YO del pasado creía fervientemente en eso, pero su YO del presente había dejado esa idea desde hace mucho. Cuando perdió a su esposa y a su hija de 2 años en ese fatídico accidente de auto que él provocó, sintió que él también murió ese día.

Por mucho tiempo la culpa lo devoró. Se dejó consumir por el alcohol y la melancolía, la depresión y la tristeza. No había día en el cual no sintiera culpa, no volvió a conciliar el sueño, la comida perdió su sabor, cualquier paisaje, por muy colorido que fuera, era gris para él. Fue como si alguien le hubiera quitado el color a todo su entorno.

Un día en una cantina en el pueblo, ahogado en alcohol comenzó a hacer todo tipo de destrozos en el lugar. Lo corrieron y le tiraron licor encima. Lo bañaron con agua sucia y lo dejaron ahí, con la tierra como único soporte. Fastidiado de la vida, caminó sin rumbo hasta que llegó a la Colina del Silencio. Le llamaban así porque no se escuchaba nada. «Aquí es un buen sitio», pensó el maestro Zembu.

«¿Es así como debe terminar?», pensó. «todo lo que sube, baja, la luz se opaca ante la oscuridad y la maldad conquista inevitablemente la bondad de las personas».

De pronto se detuvo frente a un borde y pensó en aventarse. «Si solo he venido a sufrir a este mundo, ¿no debería ser yo quien termine con ese sufrimiento», se preguntó el maestro Zembu, con el rostro lleno de lágrimas.

Sin embargo cuando estaba por lanzarse al precipicio una voz lo detuvo y le habló:

—¿Es la elección más sencilla verdad?

—¡Eh! ¡Métase en sus asuntos! —le gritó el maestro Zembu.

—Ciertamente, si te avientas a ese precipicio todo terminara, incluido tu sufrimiento, pero ¿es aquí donde termina la razón de ser de tu existencia? ¿Esto es lo único para lo que has venido a este mundo?

—¡Solo vine a este mundo a sufrir! —contestó el maestro Zembu—. ¡Todos los días veo los rostros de mi esposa y mi hija en mis sueños, me siguen a todas partes! ¡Es por mí que están muertas! ¡Usted que va a saber viejo! ¡Lárguese de una buena vez!

—Bien, si así lo deseas, me retiraré —le contestó el anciano—, pero déjame decirte algo antes de que me vaya. Conozco un método para que puedas liberarte de tu sufrimiento. No es fácil, pero puedes conseguirlo. No tienes que morir para liberarte. Tampoco tienes que olvidarlas, simplemente tienes que aprender a convivir con su recuerdo.

—¿Convivir?

Y así fue como comenzó el camino de la iluminación del maestro Zembu. A veces se nos presentan buenas oportunidades para cambiar, pero no las tomamos.

«Manifiesto hacia el mañana».

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Qué tal si comenzamos hoy, a vivir cada momento,

disfrutando cada instante, sin esperar impacientes, el devenir de las horas.

Qué tal si vivimos el hoy, antes de apresurar lo siguiente,

intentando ser consciente, de lo que ahora estoy sintiendo.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

No tengo más que mi calma, que me tienta hacia el mañana,

para recordar un tiempo, que ni siquiera he vivido,

cuando aún no he yo ni salido, del estado del presente.

Siempre miro hacia el futuro, como si fuera su dueño,

pero nunca es más que un sueño, que se esfuma en un instante.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Pienso luego en el siguiente, como si fuera una rueda,

dando vueltas como pueda, para alcanzar mi destino.

Sin embargo no hay camino, que vislumbre algo más raro,

que esperar cada momento, eso que te quede claro.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Y si acaso sigo aquí, esperando vivo y sano,

disfrutaré lo que tengo y lo que siento en mis manos,

porque si hay algo que puedo, sujetar con mucha fuerza,

justamente es mi presente, sin pensarlo y sin que quiera,

cada instante que se esfuma y se queda en otra era.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀


Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@lafilosofiaminimalista

«Ausencia».

Todavía recuerdo sus palabras. Resuenan todos los días en mi cabeza. Como si las estuviera diciendo, otra vez, frente a mí. Si cierro los ojos y me pierdo en mis pensamientos, él vuelve a aparecer; está ahí, vive en mi mente. Su cuerpo físico ya no está, pero su parte espiritual permanente en este mundo, bueno «en mi mundo».

Es como si hubieran tatuado sus palabras en mi mente ¿es eso posible? no lo sé, pero no he podido olvidarlas con nada: ni con pastillas, meditación ni terapia. ¿Por qué se quitó la vida? ¿Por qué decidió partir de este mundo? ¿Entonces era mentira?

Sus palabras fueron: «Soy el hombre más feliz. Estar a tu lado es lo mejor que me ha pasado en la vida. Eres la mujer más hermosa del mundo. Quiero estar contigo por siempre». Ese «por siempre» debió ser un «por siempre espiritual» o algo así. ¿Puede ser la felicidad tan engañosa como para que realmente no sea felicidad? Tal vez.

Recuerdo que un día, normal, como la mayoría, fuimos al cine a ver una película que ahora no recuerdo exactamente el nombre, pero que trataba sobre un político muy influyente de Estados Unidos, el cual contrata a un agente para investigar a su esposa, porque sospecha una infidelidad. Me parece que la protagonizaba Mark Wahlberg.

De camino, él me tomaba de la mano y me llevaba por la calle rumbo al cine. Todo iba muy bien, comimos palomitas y un frappe. Me tomó de la mano y me dio varios besos en la mejilla durante la película. Sin embargo, cuando salimos de la función, de regreso al estacionamiento, me abrió la puerta y me ayudó a subir, la cerró y se dirigió al lado del conductor y se quedó así, paralizado, frente a su puerta. Inmóvil y petrificado, no respondió a mis palabras. Lo llamé varias veces, pero parecía que mis palabras no lo lograban alcanzar.

Fue después de que me bajé, fui con él y le di una cachetada que reaccionó. Él solo respondió: «¿Qué esperas? ¡Ya es hora! ¡Sube al auto, se hace tarde!». Esa ocasión ignoré lo sucedido.

Otra ocasión, fuimos a un bosque, a las afueras de la ciudad. Era época de frío y había un poco de nieve en todo el lugar. Nos gustaba realizar esas caminatas porque nos permitía liberarnos de todo el estrés de la ciudad, de la rutina. Sin embargo, ese día, volvió a pasar. No sé en qué momento lo perdí de vista, pero cuando me percaté de su ausencia, él ya no estaba ahí.

Tuve que buscarlo por los alrededores; tardé como dos horas en encontrarlo. Justo cuando lo localicé, en la penumbra del bosque, estaba parado, de espaldas, con los brazos abiertos, como haciendo una cruz y con la cabeza hacia a atrás. Murmuraba algunas palabras que no alcancé a entender. Sin embargo eso no fue lo más extraño. Lo que realmente me resultó extraño fue que frente a él había un precipicio muy profundo. «¿Cómo es que no lo vi?», me pregunté.

No puedo asegurarlo, pero dentro de mí algo me decía que estaba dispuesto a aventarse. Cuando lo llamé sucedió nuevamente, mis palabras no lograron alcanzarlo. Lo único que hice fue caminar hasta donde se encontraba y abrazarlo por la espalda. Sentí cómo mis pechos se presionaban con su espalda.

Cuando lo abracé me dijo: «¿Qué esperas? Ya es hora». No me moví y continué sujetándolo. Yo solo le respondí: «¿Hora de qué?».

Eventos así sucedieron en varias ocasiones antes de su muerte. Seguro te preguntarás: «¿Porqué no buscaron ayuda? ¡Debiste llevarlo con un doctor o psiquiatra!». Pues lo hice. Si bien en esos momentos era como «si no fuera él mismo» «como si no fuera consciente del momento presente». Su cuerpo estaba ahí, pero su mente era transportada a otra parte. O tal vez alguien utilizaba o manipulaba su mente.

Cuando lo llevé con el especialista respondió a todo con normalidad, como cualquier persona, le realizaron algunas placas, toma de sangre, orina, pero todo estaba bien; no se encontró nada raro. Ninguna enfermedad. Él siempre fue muy sano, así que todo dentro de la normalidad. Ningún signo de ansiedad, depresión o melancolía.

Cuando lo encontré, tirado, boca abajo y sin vida, algo dentro de mí no se sorprendió. Lo único que sí atrajo mi atención fue que junto a él había una nota en la que decía —con su letra—: «¿Qué esperas? ¡Ya es hora!».

¿Puede el ausentarnos totalmente del momento presente, aniquilar todo nuestro ser?

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

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EP 25 | 10 Actitudes para la meditación mindfulness.

Episodio 25| 10 Actitudes para la meditación Mindfulness.

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En el episodio de hoy quiero compartirte 10 actitudes para comenzar con el arte de la meditación, las cuales nos plantea el maestro en meditación mindfulness Silvio Raij. En el episodio analizamos cómo estas variables no solo pueden aplicarse en el proceso de meditación, sino que también pueden llevarse a la práctica en nuestra vida cotidiana.

Además nos plantea una nueva forma de ver la meditación, alejada de los estereotipos de las películas en los cuales los monjes que meditan, tienen todo el tiempo del mundo, el espacio y la tranquilidad.

En los tiempos modernos, la meditación puede ser complicada de llevar a la práctica, pero estos consejos nos ayudarán a ver la meditación como algo más real y cercano.

¡Acompáñame a descubrirlo!

¡Espero les guste!

Puedes escuchar el episodio en Spotify, Ivoox o Apple Podcast.

EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista. La Filosofía Minimalista

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  1. EP 31 | Ventajas y desventajas de un clóset minimalista.
  2. Cápsula Minimalista 18 |Que nadie te robe tu esencia.
  3. EP 30 | Meditación, Salud y Bienestar (con Ruth Obando @Meditopiaes).
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Hana | Fragmento 4 | «Despertar».

Desde pequeña, Hana estuvo acostumbrada a toda clase de lujos, en especial aquellos de tipo material. Durante su infancia en México, asistió a las escuelas particulares más prestigiosas y costosas. En particular dos factores produjeron que para ella la vida girara en torno a las cosas materiales: el primero fue su círculo de amigas y el segundo fue su familia.

Aunque dentro de Hana, muy en el interior, algo siempre le dijo que eso no la hacía feliz, por el simple hecho de querer darle gusto a los demás, seguía los patrones de conducta de las personas.

Es por eso que para Hana fue un cambio muy drástico el iniciar en una nueva ciudad, en otro país, en donde tendría que comenzar de nuevo. Hacerse a la idea de un nuevo comienzo le causó a Hana un fuerte dolor de cabeza. Por otro lado, ella no imaginó que a lo primero que tendría que enfrentarse sería al rechazo de las personas del lugar y de sus compañeros de escuela.

Cuando Hana regresó a su casa, su corazón se sintió agitado, palpitaba muy fuerte y una chispa se encendió. Algo tan simple la había conmovido: ¡una fruta cualquiera! Claro que no era el tipo de regalo al que estaba acostumbrada, pero el detalle le había parecido muy noble. La conmocionó tanto, que cuando se despidió de Yamir le dio un beso en la mejilla. Él se puso rojo de la pena —a pesar de que su tez era muy morena, algo común en la gente de ese país—, y se fue después de eso.

Una vez en casa, Hana tomó una ducha y se cambió la ropa de la secundaria por un atuendo más cómodo. Se dispuso a preparar algo sencillo para cenar: un sándwich de crema de maní y un té. Si bien la madre de Hana la dejó al cuidado de la señora Naisha, quien básicamente se encargaba de la limpieza y preparar comida, a Hana no le agradaba que la comida estuviera tan condimentada. Prefería comer cualquier cosa antes que comida hindú. Cuando preparó el sándwich y el té, se sentó, miró de frente los alimentos y pensó: «no es lo más nutritivo, pero de algo servirá».

Mientras comía comenzó a llover, así que los árboles del jardín y las flores se llenaron de agua y se fortalecieron. Por la tarde el sol había estado en su máximo esplendor, por lo que el calor había sido intenso.

Después de terminar sus alimentos recordó el regalo que le dejó su madre, fue por él, lo colocó en la mesa de centro y se sentó para abrirlo. La verdad es que no esperaba mucho, pues ya sabía el tipo de cosas que le regalaba su madre en su cumpleaños. Siempre le decía: «revisa en internet lo que quieras y lo que más te guste, guardas el link y me lo envías. Yo lo pediré para que te llegue».

Antes de abrirlo Hana pensó que lo que más le gustaría sería poder verla y abrazarla, más que algo que se puede comprar en cualquier tienda. Cuando por fin tomó el paquete se dispuso a abrirlo, lo agitó y se percató de que no pesaba nada. «Estará vacío», pensó. No, su madre no sería tan cruel. Ya no recordaba qué le había enviado en el link, ya que no le importaba. Hana seleccionó lo primero que vio en una página y eso le envió.

Sin embargo al abrirlo se sorprendió, porque el paquete contenía un sobre color azul, su color favorito. Dentro del sobre había una fotografía tamaño media carta y una nota escrita con una letra hermosa. El texto decía lo siguiente después de la fecha:

En la foto había tres personas: la madre y el padre de Hana y una pequeña Hana de nueve años. Sobre la carta que tenía en las manos, comenzaron a caer pequeñas gotas de agua y las letras se distorsionaron. Sin embargo, solo llovía en el exterior.

«Vivir y disfrutar cada instante».

Cuando Susana abrió la persiana de su cuarto, la luz entró de golpe y le lastimó la vista. Apenas eran las 8:00 am y no tenía mucho que se había despertado. Desde que había comenzado la contingencia, hacía el mismo ritual: se despertaba, se espabila y antes de hacer cualquier otra cosa, abría la persiana y miraba al exterior.

Últimamente tenía el mismo pensamiento que la atormentaba. Y es que antes de la contingencia, ella no acostumbraba a salir mucho, de hecho, la diferencia entre su forma de vivir antes y durante la contingencia era simplemente que ahora “no debía salir por cuestiones de salud”.

Fue hasta ese momento en que reparó en cuántas oportunidades de salir y disfrutar el mundo había dejado pasar hasta ese momento. Ahora la embargaba unas ganas tremendas de salir y correr, de visitar otros lugares o de aceptar ir por ese café con su compañero de la escuela, al cual ya había rechazado varias veces. «Solo quiere tener sexo conmigo», pensaba ella. «Pero si todos los chicos de bachillerato quieren lo mismo, así que no tienes porqué sorprendente», le decía su amiga Adriana.

Ese día, en el que se encontraba reflexionando sobre la restricción sanitaria que había, pensaba que le gustaría que ese chico la volviera a invitar a salir. Pero hacía mucho que había perdido el interés en ella. Entonces se hizo una promesa, mientras miraba por la ventana y observada ese edificio antiguo que quedaba cerca de su casa, en las afueras de la ciudad. «Cuando todo esto termine comenzaré a disfrutar la vida de verdad, ahora entiendo que solo viviremos una vez, así que qué más da». ¡Adriana tenía razón!

Mientras miraba por la ventana, por unos momentos, su mirada se perdió en el horizonte, hipnotizada por el sol, por lo cual se preguntó: «qué tan lejos estará el sol de aquí», pero no tenía la respuesta a esa pregunta. De lo que estaba segura, es que esa masa gigantesca y amarilla podía eliminar cualquier mal, cualquier virus, con su resplandor.

Si bien estaba consciente de que no podía alejarse mucho de su casa, decidió salir y correr hasta el jardín, así, sin peinarse y sin quitarse la pijama. Corrió rápido para poder alcanzar, y recibir, de forma directa, los rayos del sol. Estiró los brazos y cerró los ojos. De pronto sintió cómo la temperatura de su cuerpo comenzó a subir. Como hacía un poco de viento, su cabello, que por cierto ya estaba muy largo, pues le llegaba hasta por debajo de los hombros, ondeaba por todos lados. Cuando trató de calmar sus cabellos, sintió también el calor en sus mechones, producto del destello del sol.

«Esto es mucho mejor que estar todo el día encerrada», pensó, mientras mantenía los ojos cerrados, Susana. Después de un rato, se sintió llena de energía y reafirmó su promesa. Nunca más se perdería ninguna aventura y, como su amiga Adriana, viviría cada día como si fuera el último. O, por lo menos, trataría de no arrepentirse por algo que no hizo, al final del día.

«¡Muchas gracias por leer el relato!».

Ramsés K. Mishima.

La Filosofía Minimalista

@lafilosofiaminimalista

«¿Si no está impreso no es un libro?».

En aquél entonces ya habían sido, si mal no recuerdo, tres ocasiones en las que lo vi leyendo de esa manera. No pensé que lo tomara tan enserio, pero lo cierto es que sí. Siempre había pensado que leer en digital era una tontería y que le faltaba el respeto a la tradición del libro impreso. ¡Si la experiencia es única! ¡El iPad está suprimiendo la tradición del libro impreso!

—¿Y ahora me dirás que debo dejar de comprar libros impresos y comprarlos mejor en digital?

Yo continué con mi lectura y traté de no desviarme del texto que revisaba.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¡Hey! —exclamó Samantha—, ¡responde!⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Yo no puedo decirte qué debes comprar y qué no —le respondí—. Cada persona debe ser lo suficientemente consciente de lo que adquiere. Lo cierto es que comprar libros en formato digital es mejor para el medio ambiente y para los árboles.

—Sí, pero no es la misma experiencia —me argumentó—. No se siente lo mismo leer un libro en papel a un libro en el iPad.

—Claro que no es igual. No es la misma experiencia, porque no es el mismo acercamiento. Sin embargo, el contenido, al fin de cuentas, es el mismo. ¿O no es así?

—En eso tienes razón —me concedió—. Pero es que, tal vez, ya lo olvidaste, pero la experiencia de leer un libro impreso es increíble. Sentir el paso de las hojas con las yemas de tus dedos… su textura… el olor a libro… papel… esa esencia que emana… ¡Ah! Y me encanta cuando, mmm… ¿pues tú sabes no? el aroma de las hojas nuevas cuando quitas el plástico que cubre los libros nuevos. La sensación y el aroma es una experiencia magnífica. ¿O es que nunca abriste un libro nuevo y pegaste la cara y la nariz entre las hojas para aspirar el aroma que desprenden?

—Claro que sí —le respondí—, sin embargo, la cubierta de los libros nuevos es de plástico, y también es un agente altamente contaminante.

—¿Qué siempre tienes que quitarle la esencia a las cosas?

—¿Eh? ¿Quitarle? Simplemente digo lo que es.

—Pero si el film de plástico que traen los libros es muy delgado.

—Sí, pero multiplicado por el número de libros que se venden en el mundo el impacto es muy grande.

—¿Entonces los libros nuevos deberían venderse sin el film protector? ¡Si de por sí muchos se maltratan! Ahora sin el film vendrían todos golpeados —precisó Samantha.

—Creo que es una alternativa —le contesté—. Eso se está haciendo poco a poco con las frutas y verduras, podrían hacer lo mismo con los libros. Pero bueno, el punto es que leer un libro impreso a una digital no es la misma experiencia y tal vez nunca lo sea, pero la realidad es que el contenido es el mismo, así que técnicamente no debería haber problema en leer uno u el otro.

—Pues yo prefiero seguir leyendo mis libros en formato impreso —me respondió Samantha, tajantemente—. Para mí la experiencia lo es todo.

—Para mí también —le contesté—. ¿Puedo seguir leyendo mi libro?

—¡Haz lo que quieras!


Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

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Historia de Ximena (Fragmento 2).

Ximena me llamó por teléfono después de tres días. Yo pensé que su ansiedad se había calmado, pero no fue así. Esta vez sabía el motivo; era una tontería, o tal vez no. Cuando contesté, una tormenta se desbordó sobre mí y me arrastró a lo más profundo del océano.

—¡No puede ser! ¡Lo sabía! ¡Te lo dije! —me gritó efusivamente—. ¡No quisiste creerme! ¡Ah! pero ¿por qué habría de creerle a la loca de Ximena? ¡Eh! Si ella es quien toma antidepresivos y se muerde las uñas todo el tiempo. ¡No hay que tomarla tan en serio! ¡Ignórenla!

En mi mente imaginé a Ximena mordiéndose las uñas y haciendo un sonido parecido a un «tac, tac»; ese sonido que sobresale cuando al morder las uñas los dientes chocan.

Cuando la tormenta pasó le respondí:

—¿Y ahora qué pasa? ¿Finalmente los infectados por coranavirus se convirtieron en zombies?

—¿Ya vas a comenzar con tus tonterías? —me preguntó—. ¿Qué no puedes tomarte nada en serio?

—La vida es demasiado compleja como para tomarnos todo tan en serio —le repliqué.

—¿Ah sí? ¿Vas a decirme que debemos tomarnos las cosas de forma «simple y sin tanto estrés» o ese tipo de tonterías?

—No, simplemente te hice una pregunta que respondiste con otra pregunta —le contesté—, así que dime: ¿qué rayos pasa?

Ximena me contó que el día miércoles —es decir el día anterior a cuando me marcó— se enteró de que no solo la cantidad de infectados había aumentado, sino que, además, se percató, según ella, de que no habían pasado en los medios entrevista alguna de un infectado por el virus, ni a nadie que dijera, de viva voz, cuáles eran los síntomas y sensaciones que experimentaba propiamente.

Ahora ella era quien pensaba que todo se trataba de una conspiración del gobierno. «¿De qué gobierno, me pregunté yo». Me dijo que pensaba que tal vez el mismo gobierno produjo el virus y lo introdujo en algunos animales. Ella pensaba que se trataba de Estados Unidos y que era una estrategia para debilitar a China, su principal enemigo económico. Sin embargo, todo se había salido de control porque los organismos internacionales no supieron tomar las medidas adecuadas para controlar el flujo de personas en China.

—¿No crees que has jugado demasiado Resident Evil? —le pregunté y la interrumpí abruptamente.

—¡Ja! Mi hermana dijo lo mismo, pero yo creo que no está fuera de lugar —me contestó a la brevedad.

En mi mente, imaginé a Ximena nerviosa detrás del teléfono. Seguro llevaba esas gafas de montura de pasta dura, color negra y de cristales redondeados. Siempre pensé que eran muy grandes, como los que usaba el trompetista Dizzy Gillespie. También recordé —no sé porqué— la forma de su rostro y su corte de cabello. Una vez le dije que se parecía a Vilma de ScoobyDoo y ella se molestó.

—¿No crees que si ese fuera el caso, es decir, de tu teoría, al ver la magnitud de personas infectadas, ya hubieran anunciado la vacuna?

—¡Claro que no! —me refutó—. ¡Piénsalo! Si así fuera, casi casi sería como decir: «Nosotros tuvimos la culpa, así que ahí está la vacuna». Además sería muy obvio, pues los demás países pensarían inmediatamente que Estados unidos fue el culpable. Y con la cantidad de países que han presentado casos… todo el mundo estaría en contra de ellos…

Me imaginé a Ximena haciendo la expresión que acostumbraba hacer y que me trataba de decir «¿Cómo es que no lo entiendes?, ¿eres tonto o qué?». Después continuó:

—Mira, sé que suena muy descabellado, pero velo de esta manera: esto puede ser el inicio de la tercera guerra mundial, solo que ahora el combate no será con armas de fuego, sino con armas biológicas que puedan acabar con más personas a un coste menor y sin tanto escándalo, bueno, explosivamente hablando —me explicó Ximena, casi susurrando, como si estuviera contándole a una de sus amigas de la preparatoria sobre el chico del que estaba perdidamente enamorada.

—Creo que nunca debí invitarte a jugar Resident Evil, pero es que te veían tan aburrida y sola…

—¡No! ¡No! ¡Basta! —me interrumpió—. ¡Mira! En este momento no tengo mucho tiempo… pero estoy reuniendo más evidencia… y ya verás cómo todo tiene sentido y cuando te lo muestre y explique con más fundamentos me dirás: «¡Wow! ¡Ximena tenía razón! ¡Es una conspiración del gobierno! ¡Qué idiota fui, soy un tonto! ¡Debí creerle!».

—Mmm, no creo insultarme tanto —le contesté.

—¡Ya! Vamos, me tengo ir. Te llamaré después y te explico lo que…

Y la llamada se cortó. No sé si ella colgó para dejarme en suspenso o si la señal en verdad falló, pero ella no me volvió a llamar. Pensé en marcarle, pero creo que ya había sido suficiente de la imaginación de Ximena. Ella en verdad se creía lo que me decía.

Supuse que no había hecho lo que le dije la otra ocasión y que había sucumbido ante los antidepresivos. Tal vez por eso soñó todas esas cosas.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

Autor: Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@filosofiaminimalista

Historia de Ximena (Fragmento 1).

—¡Ya bájate de tu nube! ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¿Eh?⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Sí. Te habló a ti —me gritó Ximena—. Después se acercó a donde estaba sentado y puso su cara de enojada.⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¿A qué te refieres? ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¡No has escuchado las noticias! —me preguntó.

—Sí ¿y cuál es el problema? ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Pues que el coronavirus está causando estragos graves en el mundo. ¿A caso no te preocupa? ¿O eres de los que piensa que es una conspiración del gobierno? ⠀⠀⠀⠀

—No es que no me preocupe. ¿pero de qué nos sirve estresarnos? Creo que no debemos dejar que nos robe la tranquilidad. No sé si es una situación provocada por el gobierno o por la contaminación en los animales en China, pero lo que sí creo es que debemos seguir las recomendaciones, lavarnos las manos constantemente y quedarnos en casa. ⠀⠀

—¿¡Ah!? Lo dices como si fuera algo tan sencillo —me precisó—. Tu exceso de tranquilidad me hace sentir inquieta. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—¡Ya basta! No estoy diciendo que sea sencillo, lo único que digo, en concreto, es que no ganamos nada con preocuparnos demás y estar mordiéndonos las uñas. Al fin de cuentas, te aseguro que no será la primera ni la última ocasión que suceda algo así. ¡La vida tiene que seguir! ⠀⠀

—Mmm… Si tu lo dices…

—Si te preocupa tanto y no puedes estar tranquila, puedes bañarte con el gel antibacterial y así desinfectarte completamente.

—¡Eres un tonto!⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

—Bueno, preocupaciones extremas requieren medidas extremas ¿o no?

—No sé para qué te pregunté.

—¡No dejes que te robe la tranquilidad. ¡Sigue viviendo!

Ximena continuó con ese pensamiento durante la noche, incluso después de tomar un baño, pues no había reparado, hasta el momento, en cómo el estar pensando todo el tiempo en el problema de la pandemia del coronavirus le estaba robando la poca tranquilidad y paz que hasta el momento había tenido. Hacía apenas dos meses que había dejado los antidepresivos, pero ahora estaba más nerviosa que nunca. «Tal vez lo que dijo no esté del todo mal», pensó Ximena.

Antes de acostarse, revisó el cuarto en donde guardó todos esos botes de gel antibacterial que compró por el pánico. Lo que ella no sabía era que esos botes que compró de forma inconsciente y sin reflexionar no contenían la cantidad de alcohol “recomendada” por los especialistas, así que eran simples geles con lo mínimo del alcohol.

Ximena lo supo cuando observó una publicación en twitter en la que informaban sobre la situación al respecto. Decidió llamar a su amigo con el que había platicado en la tarde para preguntarle y, aparentemente, disculparse.

Cuando el teléfono comenzó a timbrar me di cuenta de que era Ximena. No había visto la hora que era hasta que ella me marcó y por un momento pensé en colgarle, pero pensé en sus nervios y en su preocupación. No parecía que fuera una exageración normal; es decir, no estaba actuando, así que contesté:

—¡Hola!

—¡Hola! —me contestó—. ¡Oye! ¡Mira! pues… la verdad… no sé qué me está pasando pero creo que hoy por la tarde exageré un poco, así que… pues… no sé bien como decirlo…

—¿Querías disculparte? —le pregunté de golpe.

—¡Si! ¿Qué siempre tienes que completar todas mis frases?

—Simplemente adiviné.

—Creo que actué con pánico y pienso que lo que dijiste hace rato no está del todo mal —me explicó Ximena—. Lo que pasa es que siempre te muestras calmado y sin preocupación por todo y en ocasiones tu indiferencia me molesta, pero, más que eso, a veces quisiera ser como tú y no preocuparme por nada más que por mí misma.

—¿Qué dices? —le pregunté—, pero si la situación sí me preocupa y también me preocupo por los demás. Simplemente, no considero que estresarnos y preocuparnos nos sirva de algo. Lo mejor es conservar la calma, cuidarnos y seguir las recomendaciones.

—Entiendo… ¡Oye! ¿Puedo preguntarte algo?

—¡Claro! dime.

—¿Crees que la situación amerita que vuelva a tomar los calmantes? —me preguntó.

Esta vez decidí reflexionar detenidamente mi respuesta, pues no quería volver a herir su sentimientos ni a estresarla más de lo que estaba.

—Creo que no deberías.

—Pero a pesar de que ya comprendí lo que decías, no puedo estar tranquila, ¿entonces qué debería hacer?

—Te voy a decir exactamente lo que debes hacer.

—¿En verdad?

—Lo que tienes que hacer es lo siguiente:

Date un baño con agua caliente, prepara un poco de chocolate o un té y métete en tu cama. Lee un libro o ve una película en Netflix. ¡Y ya! voilá

—Ok. ¡Lo intentaré, pero si no consigo dormir te volveré a llamar y te molestaré para que tu tampoco duermas!

—Muy bien.

Después de colgar, rogué al cielo o a cualquier entidad que estuviera atendiendo plegarias que Ximena se relajara y pudiera conciliar el sueño.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀

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Ramsés K. Mishima

La Filosofía Minimalista

@filosofiaminimalista