«Tan conectados y a la vez tan desconectados».

—¿Quién lo diría no?

—¿Qué cosa? —le pregunté.

—Vivimos tan conectados y al mismo tiempo tan desconectados —me explicó Samantha—, la vida se nos pasa cada vez más rápido y cuando nos damos cuenta ya es muy tarde.

—Es que los tiempos han cambiado —le argumenté.

—¿Han cambiado? Tal vez —me contestó–, pero ¿no sientes un vacío por dentro? Vivir de likes y de reconocimiento en las redes.

—Es verdad, pero no todo es negativo. También es una forma de conectar.

—Pero nunca será igual que estar frente a frente, vernos a los ojos, tocarnos, sentirnos y escuchar nuestras voces.

—Claro que nunca será igual —le comenté—, y no tiene que serlo. ¿Pero sabes qué pienso? Creo que es por eso que debemos aprender a separar las dos tipos de conexiones.

—¿Cómo? —me preguntó.

—Está bien conectar en las redes, transmitir mensajes y generar reflexión, pero debemos darle la debida importancia a la conexión en el mundo real. No digo que la balanza debe inclinarse a un lado u otro.

—¿Pero qué te garantiza que la conexión en las redes es real? —me preguntó.

—Nada —le respondí—. Pero lo que debe importar es que lo que tú compartas sea real.

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Ramsés K. Mishima⠀

La Filosofía Minimalista⠀

@lafilosofiaminimalista⠀

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